lunes, 8 de abril de 2013

Reminiscencias Familiares. Continuación

Después del matrimonio de Tita, un abogado inescrupuloso ayudó a consumar la ruina de Irene y de sus hijos. Irene había sido hija única y no tenía familiares cercanos. Mamá nunca nos habló de unos parientes que tenía por la línea paterna, que conformaron familias muy prestantes como los Collins Jiménez y los Cavalier Jiménez. Tal vez por su orfandad y pobreza se aisló de ellos o, quizás, como lo supusieron mi hermano Alberto y mi prima Lucy mucho tiempo después  cuando ya habían muerto Tita y mamá, Manuel Jiménez Malo e Irene Trujillo no formalizaron su unión mediante el matrimonio, lo cual era inaceptable en la pacata sociedad de esa época, a pesar de que la Iglesia y la sociedad habían aceptado la unión de Rafael Núñez y Soledad Román. Irene murió al poco tiempo en la pobreza.

Después de la muerte de Irene, mamá y su hermano Manuel tuvieron que afrontar el porvenir. Él aprendió a arreglar las máquinas de escribir Remington y así pudo ganarse la vida. Poco aprovechó las lecciones del maestro particular que tuvieron en la casa. Tenía un problema de dicción porque cuando pequeño se cayó con el tetero en la boca y se hirió el paladar. Eso lo acomplejó siempre. Contaba mamá que el profesor le pidió que conjugara el verbo "caber". El niño comenzó diciendo "yo cabro" y el mal maestro se burló: "Verdaderamente, Manuel usted es un cabro".

Manuel tuvo una vida de penurias. Se casó con una joven llamada Elvira Torres y tuvieron un hijo, Eduardito, contemporáneo mío. Elvira no soportó la estrechez económica y con el tiempo se fue con otro hombre. Eduardito estaba en la adolescencia y sufrió tanto, que en un mal momento se arrojó al paso de un carro y murió.

A los doce años, mamá tuvo que enfrentarse a su destino de huérfana y pobre. Las modistas que habían trabajado para Irene , abrieron una casa de modas. Mamá vivía con ellas, cosía dobladillos hasta altas horas de la noche y abría costuras con la plancha de carbón o con las pequeñas planchas de hierro que se calentaban sobre la estufa. La casa de modas tuvo éxito porque la clientela siempre estuvo conformada por las amigas de Irene, a quien habían admirado por su elegancia y buen gusto. Esto había sido natural en Irene desde niña, porque su madre siempre la había vestido con primor como podemos verlo en este retrato.

Era una joven emprendedora y con gran temperamento artístico. Se matriculó en la Escuela de Bellas Artes. Con el dinero que ganaba en la casa de modas pagaba sus estudios y compraba los útiles necesarios, pese a las burlas de Manuel y de las Pérez, quienes hacían mofa de "los monitos de Maruja". Entre sus profesores recordaba a Roberto Pizano, Coriolano Leudo, Ricardo Acevedo Bernal y Ricardo Borrero. De este último conservo un paisaje.

Fue condiscípula de Ricardo Gómez Campuzano y cuando podía me llevaba a sus exposiciones. Fue un gran paisajista y retratista. Hace pocos años tuve la oportunidad de visitar su casa en Bogotá y me emocioné al ver nuevamente muchas de sus obras, en las cuales la figura humana se destaca por la viveza de las miradas, la luminosidad de la piel y la naturalidad de las manos. Mamá siempre me dijo que lo más difícil en la pintura eran las manos. La casa de Gómez Campuzano es hoy un museo que administra el Banco de la República.

Para mejorar sus ingresos aceptó dar clases de dibujo en el Colegio Americano de credo protestante, no obstante la excomunión que pesaba sobre las personas que matricularan en él a sus hijos o que tuvieran algún vinculo.

La presentó en ese colegio una prima de las Pérez Rubio llamada Gertrudis Rubio (Tutú). Ella era protestante y trabajaba en una oficina del colegio. Vivía con su hermana Clementina, católica y también soltera. Con el trabajo de Tutú compraron una moderna casa de dos pisos en el barrio de Las Cruces. Clementina se ocupaba de las labores domésticas y las protegía un perro pastor alemán. Fue una amistad de toda la vida. Yo las recuerdo desde cuando tenía tres años y me encantaba cuando nos invitaban a tomar onces, porque servían unos helados deliciosos hechos en un balde que contenía hielo y sal bijua, para conservarlo. Dentro del balde iba el recipiente con la crema de curuba y me permitían darle vueltas a la manivela para batir el helado. Esta máquina también se usaba cuando llovía muy fuerte con granizo.

Mamá era una joven inteligente, decidida y muy avanzada para su época. Era de pequeña estatura y muy bonita. Contaba que en los bailes siempre la sacaba a bailar el más alto.

Eran los años veinte. Europa y el mundo occidental ya se habían recuperado de la primera guerra mundial. Había quedado atrás la moda de la Bella Época porque cuando los hombres se fueron al campo de batalla, las mujeres se fueron a trabajar a las fábricas y no podían hacerlo con el estorbo de los miriñaques, los corsés y los rizos. Se puso de moda el vestido corto, estilo talego y los cabellos "a la garcon" como los usaban los muchachos en Francia. Europa y América, incluida Bogotá, bailaban el tango y el charleston. Aquí además, se seguían bailando el pasillo y el valse.

Por ese tiempo mamá conoció a un joven oficial llamado Eduardo Leongómez, tío abuelo de Carlos Pizarro Leongómez, el famoso guerrillero del M-19, a quien por su bella figura llamaron el "Comandante Papito".

El joven oficial era llamado el Ciego Leongómez, porque usaba gafas. Me imagino que era tan apuesto como lo fue su sobrino nieto. El cuento es que él y mamá tuvieron un noviazgo que no duró mucho tiempo porque él era muy coqueto. Estuvo cortejando a una actriz que llegó con una compañía de teatro al Colón. Cuando apareció el marido tuvo que saltar por una ventana, se rompió una pierna y estuvo cojo por algún tiempo. Ella no pudo perdonar el escándalo en la pequeña ciudad que era Bogotá, aunque siempre recordó con nostalgia aquella canción que dice: "...que un viejo amor, de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós".

Es posible que ese amor platónico nunca hubiera dicho adiós. En 1952 o 53, mamá viajó a Caracas a visitar a Alberto, mi hermano mayor, y a Leonor Álvarez, que estaban recién casados. Mientras se establecían  vivieron en una pensión de muy pocos huéspedes  A mamá le correspondió una habitación vecina a la de Alberto y Leonor. Una noche, cuando ya se disponía a dormir, se abrió la puerta y apareció un señor vestido de blanco, quien se retiró enseguida como si se hubiera equivocado. Mamá se asustó ante la presencia del intruso y fue a llamar a la puerta de Alberto. El se levantó a inspeccionar la casa junto con la dueña y no encontraron a nadie extraño. Al día siguiente, apareció en El Tiempo la noticia de la muerte del coronel Eduardo Leongómez.








martes, 2 de abril de 2013

Reminiscencias Familiares

Por haber vivido con el favor de Dios durante los últimos setenta años del siglo XX y lo que ha transcurrido del presente, me considero en el deber de consignar en estas paginas, los recuerdos de mi vida en esta amada Patria, Colombia, complementados por los relatos de mis padres.

Los recuerdos familiares contribuyen a crear la pequeña historia que es como el conjunto de pinceladas que contribuyen a pintar el gran panorama de la historia de un pueblo.

Tengo una familia que ha colmado mi vida de amor y felicidad: seis hijos, once nietos y desde este año, un precioso bisnieto.

Para todos ellos escribo estas notas.

Les he contado de manera anecdótica y casual, ciertos hechos importantes que de alguna manera determinaron nuestro devenir, desde mis abuelos.

Cuando en nuestras reuniones viene al caso en la conversación alguno de estos episodios y lo relato, no falta quien me dice: esto ya lo habías contado, con poca diplomacia infantil. Pero otros, me piden que los cuente, porque no los conocían.

Algunas historias son intrascendentes, pero simpáticas. De todos modos, reflejan las costumbres de otras épocas y lugares, que si se sumaran a las reminiscencias de mis contemporáneos, constituirían un valioso acervo cultural.

Los niños y jóvenes de hoy no pueden imaginarse cómo los abuelos disfrutábamos los juegos de la infancia, cuando no había televisión, videojuegos, computadores o celulares.




A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX


En 1880 aproximadamente, un joven perteneciente a una distinguida familia cartagenera se vino a vivir a Bogotá. Esa familia había sido propietaria de gran parte de la isla de Manga, en donde se construyeron suntuosas residencias, de las cuales hoy en día se conservan algunas y otras, desafortunadamente, se dejaron arruinar a pesar de ser consideradas patrimonio arquitectónico. En Cartagena aún se recuerda a Dionisio Jiménez Malo, como el promotor de la urbanización de Manga.

Su hermano Manuel Jiménez Malo llegó a Bogotá con el ánimo de emprender negocios y radicarse en la capital. Conoció y se enamoró de Irene Trujillo con quien formó un hogar. Sus hijos fueron Manuel, María de Jesús (Tita) y María (Marujita, mi mamá).

Vivieron en una casa de estilo republicano situada en la carrera 7a. con la calle 24, en la esquina noroeste, en donde hoy se levanta la torre de Colpatria. El llamado progreso acabó con una linda manzana de casas de estilo neoclásico francés, llamado estilo republicano en cuanto nos liberamos de España y nos afrancesamos gracias a la Revolución Francesa, a los Derechos del Hombre y al apoyo que Francia le prestó a Bolívar para disminuir el poder de España.

Manuel Jiménez Malo murió tempranamente. Le habían practicado en Panamá, una cirugía craneana y le habían reemplazado un hueso o parte de él por una placa de platino. Lo que recordaba mamá de su padre, era que no podía asolearse porque se le recalentaba la placa.

Dejó una fortuna a Irene y a sus hijos. Ella no supo administrarla bien. En la sala guardaba morrocotas de oro en una cajita. Cuando la empleada le pedía dinero para la compra, simplemente le decía que sacara de la cajita. Tenía a su disposición a dos modistas, hermanas entre sí, llamadas Ana Pérez Rubio y Margarita Pérez V. de Leaño, encargadas de vestirlas a ella y a sus hijas.

Eran los años anteriores a la primera guerra mundial, cuando aún se usaba moda de la Bella Época: trajes largos, miriñaques,corsés, cabellos largos rizados recogidos en lo alto, sobre los cuales se llevaban sombreros diminutos con velillos. Tita, por ser la mayor, alcanzó a disfrutar de la bonanza económica. Era tan linda, que la llamaban la tarjeta postal.

Tita tuvo muchos admiradores. Entre ellos, un joven llamado Vicente Herrán, con quien formalizó noviazgo. La familia Herrán ofreció un elegante almuerzo en su finca de Funza, para que las dos familias estrecharan lazos de amistad. La vajilla que se usó era tan fina, que la dueña de casa acostumbraba lavarla personalmente. Terminado el almuerzo, los asistentes regresaron a la sala y el comedor fue cerrado. El comedor de esa casa, como era usual en la arquitectura de la época, estaba entre dos patios, con amplias celosías las cuales se decoraban con visillos de encaje, a través de los cuales se podían observar las plantas y las flores.

Cuando la visita se retiró, la dueña de casa fue a lavar y guardar la fina vajilla y se encontró con un desastre: un travieso mico que poseían, se había entretenido golpeando pieza por pieza hasta dejar un montón de añicos.

Al poco tiempo, Vicente viajó a Quito para cerrar un negocio que le daría el buen dinero que necesitaba para el matrimonio con Tita. Las comunicaciones eran muy difíciles y pasó mucho tiempo sin que se recibieran sus noticias. Tita pensó que Vicente se había arrepentido y aceptó la propuesta matrimonial de Manuel Ortiz Gómez, un abogado perteneciente a una familia acomodada de El Socorro, Santander.

Las arzayuz eran amigas de Tita y de mamá y, además, vecinas. Comenzaron a confeccionar sus vestidos de damas de honor para el matrimonio de tita porque su amistad les daba ese privilegio. Manuel era calvo y usaba bisoñé, por lo que siempre estuvo acomplejado. Durante una visita sorprendió unas miradas indiscretas que se cruzaron las hermanas Arzayuz y le planteó a Tita su ultimátum  las Arzayuz serían borradas de la lista de invitados o él cancelaría el matrimonio. Así se terminó la amistad de muchos años con aquellas queridas vecinas, para tristeza de Tita y de mamá.

El matrimonio se celebró con gran boato. El coche de la novia fue decorado con flores blancas. Cuando los novios salían de la iglesia, se cruzaron con otro coche de caballos que venía de la Estación de la Sabana. En él llegaba Vicente Herrán, satisfecho con el resultado de sus negocios y con la ilusión de su matrimonio.








miércoles, 27 de marzo de 2013

INFLUENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Durante la segunda guerra se suspendió el comercio con Europa y se intensificó con Estados Unidos, gracias a la propaganda transmitida por el cine y la radio para exaltar a los aliados y condenar a los regímenes fascistas.

Desde los años veinte, el cine norteamericano fue conquistando público como medio de recreación y de divulgación del "sueño americano".

Greta Garbo fue el modelo de belleza y elegancia, y todas las mujeres querían parecerse a ella. A las niñas las vestían copiando los trajecitos de Shirley Temple.

Desde la segunda guerra, especialmente, la moda norteamericana se ha impuesto en Colombia por su comodidad. El cine se ha encargado de mostrarla década tras década hasta nuestros días.




LAS ÚLTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XX


En los años setenta llegó el movimiento hippie con su música, su estilo de vida rebelde y sus bluyines. Se instalaron en Bogotá en el parque de la calle 60, y el entorno se llenó de almacenes de ropa hippie. Uno de los más conocidos fue "Las madres del revólver", en donde confeccionaban los bluyines sobre medidas y con bota campana.

De los setenta en adelante, los bluyines se convirtieron en la prenda favorita de la humanidad. No solamente son símbolo de protesta sino de sexualidad. Los bluyines pueden ser desteñidos, rotos en las rodillas, con remaches, con bordados o como se quiera. Estuvieron de moda los descaderados que las jovencitas acompañaban con blusas ombligueras. Estas prendas dejan al descubierto desde las costillas hasta las últimas vértebras lumbares, y estuvieron en furor hasta en las ciudades frías como Bogotá y Tunja.

Los bluyines fueron ideados por Levy Strauss, quien llegó a EE.UU procedente de Bavaria en 1850, atraído por la fiebre del oro. Llevó una provisión de mercancías  que incluía lona para las carpas. Cuando vio que los mineros usaban pantalones de telas débiles que no les duraban, decidió convertir la lona en pantalones que tuvieron gran demanda. Posteriormente, los confeccionó con un género de algodón fabricado en Francia y llamado "sarga de Nimes".

Hoy son el símbolo de la moda en el siglo XXI y los usan para todas las ocasiones, desde el mecánico hasta la princesa.

Así, con este condensado panorama de la moda, hemos llegado al siglo XXI presintiendo lo que será la moda a partir del evento que se celebra cada año en Medellín  denominado COLOMBIAMODA, en donde se congregan los más famosos diseñadores nacionales con la asistencia de varios internacionales. 

Lo que se ve en las pasarelas está diseñado para las jóvenes de la farándula, las reinas de belleza y las mujeres desinhibidas, con abundancia de lentejuelas y canutillos.

¿Será, acaso, que esta es la moda que corresponde a este tiempo del dinero fácil  la corrupción administrativa, el narcotráfico, el terrorismo y otras calamidades?

Espero que no, y que se siga usando una moda elegante y seria, a la par con la ropa casual y deportiva que hace más placentero el tiempo libre. Sin perjuicio de que en los reinados de belleza se sigan exhibiendo las creaciones de famosos diseñadores, que por lo menos impulsan la industria nacional en la era de la globalización.





Fuente principal: 
María Luz Arrieta.   Vestido, Modas y Confecciones.  Volumen IV, Enciclopedia del Desarrollo Colombiano.   Bogotá CANAL RAMIREZ - ANTARES, 1974.   294 Pgs.


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martes, 26 de marzo de 2013

LOS PIONEROS DE LA INDUSTRIA DE LA CONFECCIÓN

Carlos y Pedro Mendoza Galindo, de "Confecciones Hermega Ltda", fabricantes en serie de vestidos para hombre.

Agustín Sánchez Ochoa, pionero de la alta costura, especializado en vestidos de novia.

María Teresa, José y Luis Paredes, de "Casa Paredes", también dedicados a la alta costura.

Carolina Pinilla y Pedro A. Lozada, de "El Buen Gusto", de Bucaramanga.

Hilda Strauss
Don Daniel Valdiri, dueño del almacén de su nombre "allá en la calle 14 de Bogotá", como se anunciaba por la radio. Allí se hacían desfiles de modas los jueves con bellas modelos, entre ellas Hilda Strauss. Se servía té y eran muy concurridos.

Los hermanos Esteban, Eduardo y Alonso Valencia fundaron una gran empresa denominada "Valher Hnos" para la confección de vestidos para hombre. Su producción fue de alta calidad y buen diseño. Se exportaban con las etiquetas de Pierre Cardín e Ives Saint Lorain, firmas extranjeras que poseían los contratos mundiales de distribución, por lo cual ni los hermanos Valencia ni Colombia llegaron a ser conocidos por su industria de la confección, en el mercado internacional.

Hernando Trujillo se inició en la sastrería siendo niño. Fue diseñador de Everfit, Valher y Hermega. En 1970 se lanzó a innovar la moda masculina con diseños audaces y colores atractivos. Posee una moderna planta de producción en Bogotá y su propia cadena de distribución. Su ropa es muy apreciada por su alta calidad y se exporta a varios países.

Confecciones Industriales Hermega fue fundada en 1950 por los hermanos Carlos y Alejandro Mendoza, naturales de Ramiriquí Boyacá, pueblo famoso por su producción textil desde tiempos de la colonia. Esta vocación los llevó a vincularse a la Fábrica de Paños Colombia. Luego abrieron su fábrica de confecciones para hombres y en 1974 ya producían 10000 vestidos al mes, destinados al mercado norteamericano, por negociaciones adelantadas con firmas de Atlanta y Nueva York.




LAS PRIMERAS MEDIAS DE NYLON COLOMBIANAS


Por razón de la segunda guerra mundial no se volvieron a importar las medias de nylon de Estados Unidos, que habían reemplazado con éxito a las medias de seda importadas de Europa. Las primeras fueron producidas en Colombia por Fernando Mazuera Villegas, quien fundó la fábrica Modelia S.A, en compañía de varios socios  Trajo de Estados Unidos cuatro máquinas y doce técnicos. Al poco tiempo compró las acciones a sus socios y contrató operarios colombianos, más hábiles y más baratos. Cuando la empresa iba a iniciar una etapa de expansión, se produjo el bloqueo de los Estados Unidos a los productos japoneses, entre los que se encontraba la materia prima que utilizaba Modelia S.A.

Mazuera logró un acuerdo entre el Banco de la República y la Casa Mitsubishi, cuyo representante se encontraba en ese momento en Bogotá, gestionando la compra de una gran cantidad de platino. El acuerdo consistió en un canje de platino por hilazas japonesas para la industria nacional. El procedimiento era así: el barco japones descargaba las hilazas en Perú, su país amigo, y llegaba vacío a Buenaventura. Allí cargaba el platino y regresaba a Japón. Entre tanto, las hilazas llegaban a Colombia en barcos pequeños por cabotaje, legítimamente  importadas de Perú. Este negociado no prosperó porque el embajador norteamericano lo consideró una burla al bloqueo y una contribución a la fabricación de bombas de guerra del enemigo.

Pero Mazuela no se amilanó. Viajó a Estados Unidos y compro hilazas norteamericanas por valor de US$50.000, en momentos en que el embajador Koruso del Japón adelantaba conversaciones con el presidente de EE.UU. para un acuerdo de paz. De firmarse la paz se hubiera arruinado, porque nunca hubiera podido competir con la industria norteamericana. Pero, para su fortuna, se produjo el bombardeo a Pearl Harbor en 1941 . Los años de la guerra fueron prósperos para su negocio; cuando llegó la paz, vendió la fábrica en condiciones muy favorables a Pepalfa de Medellín.

lunes, 25 de marzo de 2013

EL SIGLO XX

Se inicia el siglo XX con la moda alegre y vistosa de la Bella Época. Las damas siguen usando el corsé porque una falda amplia exige una cintura estrecha. La sociedad se divierte desprevenida. Pero como siempre, después del apogeo de una cultura, viene el fin de la época.

Se desata la guerra europea en 1914. Los hombres val al campo de batalla y las mujeres, a las fábricas a trabajar en la industria de la guerra. Naturalmente, no pueden ir al trabajo con la impedimenta que representa la moda de la Bella Época. Desechan el corsé, las faldas largas, los peinados complicados y se cortan el cabello a "la garçon" como lo usan los muchachos en Francia.

Con este cambio tan radical en las costumbres, la mujer tomó conciencia como ciudadana, con deberes y derechos. El trabajo le abrió una nueva perspectiva. A esto contribuyó también el movimiento feminista nacido en Inglaterra en la Revolución Industrial. Este cambio de actitud influyó naturalmente en el cambio de la moda. Una mujer no volvería a usar un vestido largo, sino en los bailes.

El modisto inglés Redfern creó un traje sastre copiado del de los hombres para la princesa de Gales; se llevaba tanto por la mañana como por la tarde y se combinaba con diferentes blusas. La más novedosa era como las camisas masculinas, con cuello y puños almidonados.

Con el siglo XX se inicia la era del deporte en los Estados Unidos. Deportistas y bañistas son los innovadores de la moda, que se va haciendo más cómoda y funcional.

La primera guerra mundial terminó en 1919. Como reacción a tanto sufrimiento, los años veinte fueron de locura. Se impuso el traje corto estilo talego, adornado con largos collares. El cabello, cortado a "la garçon" se adornó con diademas brillantes y con plumas. Tanto la sociedad europea como la americana, de norte a sur, desde Canadá hasta el Cono Sur, bailaron con frenesí el tango y el charlestón.


En Colombia, el paso de la Bella Época al siglo XX fue paulatino y nunca se olvidó del todo el Romanticismo. Tenemos el retrato de dos señoritas bogotanas, de los años veinte. Los vestidos son de seda, bordados y con alforzas y lucen largas cabelleras. La menor lleva traje corto porque aún es una niña; la mayor usa traje largo porque ya está en "edad de merecer", esto es, ya puede asistir a bailes y tener novio.


No obstante las costumbres conservadoras heredadas de España, en Colombia también se impusieron los ritmos modernos, especialmente el tango. Las presentaciones de Carlos Gardel en los principales teatros causaron sensación y su trágica muerte en Medellín en 1935, produjo un duelo nacional.

En esta portada de Cromos dibujada por el maestro Coreolano Leudo en 1916 vemos a la bogotana romántica con la clásica mantilla elegante y discreta. 

Aquí tenemos a una típica familia bogotana, retratada en el estudio del famoso fotógrafo Gómez. El caballero luce pantalón de fantasía gris con rayas negras, chaqueta negra de paño y un fino alfiler de corbata. Era la indumentaria para asistir a las sesiones del Parlamento, visitar monumentos el jueves santo y para ciertos actos sociales. La señora luce el cabello corto a "la garçon" y el traje corto estilo talego. El niño lleva el clásico vestido marinero importado de Inglaterra, con un pito en el bolsillo. El corte del cabello es el usual en los niños de la época: polca y capul. En la calle usaba la boina "de plato" o marinera, diferente de la boina vasca. El ropón de la niña es primoroso y el adorno del cabello consiste en un gran lazo de cinta de muaré. Esta niña, con el tiempo, llegó a ser la autora de este blog. Tanto la madre como la hija, usaban para salir sobretodo, sombrero, guantes y cartera, y el caballero completaba su atuendo con sombrero y bastón.

Hasta ese momento se había diferenciado totalmente el atavío de los señores y el del pueblo. Los campesinos se vestían con lienzos de Ramiriquí o de San José de Suaita, usaban ruana y alpargates; sus mujeres usaban faldas de zaraza, pañolón negro de flecos, blusas de algodón bordadas, también alpargates y peinaban largas trenzas. Como se lee en las novelas costumbristas como La Manuela, El alférez Real y otras del mismo género, la sociedad se dividía en "los calzados" o "los de botas" y los descalzos. En las acuarelas de la comisión Corográfica encontramos las imágenes de la moda en los pueblos. La discriminación entre "calzados" y "descalzos" vino a terminar en los años 30, por causa de dos hechos históricos que transformaron el mundo: la crisis económica de 1930 y la segunda guerra mundial que se desarrolló entre 1939 y 1945. Con el surgimiento del nazismo y su política racista y dictatorial, muchos judíos emigraron de Europa y vinieron a buscar fortuna en América.

Así fue como llegaron a Colombia muchos extranjeros  incluyendo israelitas, sirio-libaneses, dispuestos a trabajar y crear industrias.

Entre los inmigrantes hebreos se distinguió Simón Guberek. En su libro "Yo vi crecer un país" cuenta que casi todos tuvieron que comenzar a ganarse la vida vendiendo de puerta en puerta mercancías baratas, a plazos. El surtido que podían ofrecer era muy limitado, porque en ese tiempo no había industrias en Colombia.

Este contacto con el pueblo fue rico en experiencias humanas porque les permitió a los inmigrantes realizar un cambio social, que determinó una mentalidad más justa y progresista: se acabó con la diferenciación entre "los calzados" y "descalzos", se operó el cambio del pañolón al sobretodo o al vestido sastre; la moda se unificó sin más diferencias que las determinadas por el gusto y el poder adquisitivo de las personas. Las campesinas que trabajaban en Bogotá en los oficios domésticos y otros menesteres se vistieron como citadinas y hasta cortaron sus tradicionales trenzas para hacerse el "rizado permanente".

La colonia hebrea en Barranquilla comenzó la producción de seda sintética (rayón) en tres grandes plantas: FILTA S.A, CELTA S.A, Y ALFA S.A, las cuales atendieron la demanda doméstica.

A la industria textil siguieron la confección de carteras, zapatos, trajes para hombre y mujer y tejidos de punto.

Hasta entonces, el comercio en Bogotá se había circunscrito a la Calle Real, la Calle 12 y la Plaza de Bolívar. Tres hebreos abrieron el primer almacén en la Avenida de la República (Cra. 7a). Otros siguieron su ejemplo y la Avenida de la República se llenó de almacenes desde la calle 16 hasta la 24. Se llamó "el corredor polaco", porque ya se denominaba así, genéricamente, a los inmigrantes de distinta procedencia. 

Este corredor fue famoso por los almacenes de ropa y las peleterías. El 9 de abril de 1948 todo se quemó.

La inmigración judía trajo progreso porque creó industrias, dio trabajo a los operarios colombianos y motivó a los sastres criollos a producir en serie y a abrir créditos para poder competir.


martes, 19 de marzo de 2013

LA MODA EN EL ROMANTICISMO

El romanticismo fue inicialmente un movimiento literario que surgió a principios del siglo XIX y se caracterizó por el lirismo, la sensibilidad y la imaginación. Surgió en Alemania con la novela "Werther" de Goethe, cuyo protagonista sufre un amor imposible que lo conduce al suicidio. Esta novela desató una ola de suicidios entre los amantes infortunados. En Francia surgió a raíz del estreno de la ópera "Hernani" con música de Verdi y argumento basado en una obra de Víctor Hugo.

El Romanticismo se difundió rápidamente y despertó gran entusiasmo en la América española. Tanto en la música como en la poesía y las artes plásticas, aparece como la insurrección del individuo contra las normas establecidas por los clásicos.

En Colombia, la novela romántica por excelencia es "María" de Jorge Isaacs, que ha hecho llorar a varias generaciones.

La moda se exhibe sobre todo en Bogotá en donde se concentran el poder político y el económico, lo que atrae a los intelectuales y a los artistas de todo el país. Luego, es asimilada en las provincias, de acuerdo con el clima y las costumbres de cada región.

Se pone de moda la mujer delgada, pálida y frágil, que sufre desmayos cuando se encuentra cerca de cómodo diván o de los fuertes brazos de su caballero. Muchos de los desmayos se acabaron cuando Luis Vargas Tejada escribió "Las convulsiones", sainete cómico que fue representado con éxito.

A fines del siglo XIX, la moda en Bogotá seguía impregnada de romanticismo: trajes largos, escotes moderados y la clásica mantilla española de encaje negro.

El ambiente era de gran austeridad. Los bogotanos vestían por lo general trajes negros u oscuros. Todavía era frecuente ver a los jóvenes de la alta sociedad lucir amplias capas españolas con cuello de piel de lobo; abogados de monóculo y leontina; poetas melenudos con clavel en el ojal; ceremoniosos caballeros con sombrero de copa que aspiraban rapé y conspiraban contra el gobierno a la sombra de los balcones coloniales; mucho fraile pedigüeño y una multitud silenciosa compuesta por artesanos y comerciantes.

Un testimonio gráfico de este período es el que encontramos en las acuarelas de Ramón Torres Méndez. Nos muestran la moda de los señores y la moda popular, así como aspectos de la vida cotidiana: los saraos, los paseos, el mercado, los bailes, etc.







LA BELLA ÉPOCA
Finales del siglo XIX y comienzos del XX


A fines del siglo XIX surgió en Europa un nuevo estilo de vida, y de moda, que se conoce como "La Bella Época".

Los colombianos acomodados viajaban a Europa y traían al país conocimientos útiles y hábitos de cultura y buen gusto que se fueron implantando en nuestra sociedad. A este despliegue de elegancia y refinamiento, contribuyó en gran medida la selecta inmigración inglesa que se estableció en Bogotá, a mediados del siglo. 

Las jóvenes presentadas en sociedad estaban aún impregnadas de romanticismo: los trajes largos, los escotes moderados, la mantilla española de encaje negro enmarcaba los rostros y ceñía las cinturas.

En vísperas de la guerra de "los mil días", en las iglesias y parques se rompe la monotonía de las mantillas con la policromía de las capotas y las sombrillas claras de la Bella Época. Las casadas lucen boas de plumas, sombreros de flores y velillos de neblina, sobre peinados altos, edificados con profusión de rizos y postizos.

Los hombres visten lo que han traído de Europa en su viaje más reciente, especialmente de Londres, o lo que acaba de desempacar alguno de los comerciantes de la Calle Real, la Calle 12 o el Puente de San Francisco: levita de paño, chaleco, pantalón gris a rayas, que se llamó pantalón de fantasía, sombrero hongo, sobretodo negro, guantes oscuros y botas de glasé (material brillante); en la mano portan una caña de la India, que voltean con fastidio.

Los accesorios masculinos son muy variados: guantes de Suecia de piel de perro, relojes con leontina, alfileres de corbata con piedras preciosas, cigarrilleras de plata repujada, pañuelos de seda. Para asistir a bailes, matrimonios o al teatro visten frac o esmoquin, que complementan con cubiletes o "claks".


Como solo una minoría se puede dar el lujo de traer su ropa de Europa o de comprarla en los almacenes elegantes, y como muchos prefieren la ropa sobre medidas, la sastrería y la modistería cobran importancia. Los sastres desbaratan los trajes importados para estudiar la confección, y las modistas se inspiran en las revistas y figurines que traen el último grito de la moda en París.

viernes, 15 de marzo de 2013

LA MODA REPUBLICANA

Como dijimos anteriormente, el esplendor de la moda en una civilización es presagio de su decadencia y ocaso. La ostentación de las Cortes europeas durante el Renacimiento, no podría continuar por siempre. Tendría que llegar la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII (1789) a poner fin a la monarquía y a esparcir por el mundo los aires de la libertad, que condujeron a la Independencia de las colonias en América.

El nuevo humanismo gestado durante el Renacimiento puso término al oscurantismo de la Edad Media. España se había quedado rezagada frente a los demás países europeos. Mientras éstos progresaban en las ciencias y la filosofía, España seguía quemando brujas en el Santo Tribunal de la Inquisición.

El desarrollo intelectual del Renacimiento se pudo divulgar gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles  por Gutenberg en 1450.

Los libros llegaban de contrabando a las colonias, ocultos en toneles de vino. Los intelectuales criollos se inspiraron en las nuevas ideas. Antonio Nariño tradujo "Los derechos del hombre" y logró publicarlos clandestinamente en su imprenta patriótica en 1793.


La Revolución Francesa influyó definitivamente en Colombia, no solamente en lo político, sino también en las costumbres, la arquitectura y, por supuesto en la moda. En la arquitectura se pasó del estilo colonial español al estilo francés republicano inspirado en el clasicismo griego y romano. En la moda, la aristocracia dejó de dar el tono, pese a las tentativas de Napoleón. En el traje masculino triunfó la moda burguesa: un hombre ya no llevaría jamás un frac bordado ni un sombrero con plumas.


Los hombres desecharon las casacas galonadas, las pelucas empolvadas, el calzón corto, los zapatos con hebillas y el sombrero al tres (tricornio). Vistieron levita de paño, botas de charol y sombrero de copa alta. Lucieron el cabello corto, en guedejas, como los revolucionarios franceses. Así lo vemos en los retratos de los próceres de nuestra independencia.

Lo que no logró imponer Napoleón en materia de moda masculina, sí lo logró Josefina quien impuso el "estilo imperio" en los trajes femeninos: la línea general evocaba la silueta de las mujeres de la antigüedad clásica, con la diferencia de que no eran drapeados sino que iban cortados y cosidos con el corpiño ajustado, por lo general fijo sobre un corsete de tela endurecida que sostenía el pecho; la falda montada en frunces a la espalda, terminaba en cola.

Tenemos una imagen criolla del estilo "imperio" en el retrato de doña Magdalena Ortega de Nariño, que se conserva en el Museo Veinte de Julio en Bogotá, más conocido como "Casa del Florero". Aparece doña Magdalena en la plenitud de su belleza, engalanada con ricas joyas y luciendo un traje de seda de talle alto.

Este retrato causó una gran polémica entre los historiadores, académicos e intelectuales, por causa del descubrimiento que hizo la historiadora Carmen Ortega Ricaurte, por entonces directora de dicho museo. Le llamó la atención que el retrato hubiera sido retocado. Al investigar en el archivo encontró que en una reproducción aparecía la dama cubierta con un pañolón negro, que posteriormente le fue borrado, quedando el cuadro en su estado original, tal como lo pintó Joaquín Gutiérrez, uno de los más famosos y caros pintores de la época, en 1801, por encargo de don Jorge Tadeo Lozano.

La familia Nariño había sido despojada de sus bienes y don Antonio estaba preso e incomunicado en Cartagena. ¿De dónde entonces tanto lujo? ¿Por qué el medallón que luce doña Magdalena tiene la imagen de don Jorge Tadeo Lozano y no la de don Antonio Nariño?

Estos detalles y la adulteración que había sufrido el retrato llamaron la atención de la historiadora, quien sacó sus propias conclusiones  las cuales comprobó tras una sera investigación, consultando documentos y la iconografía de los personajes involucrados.

Habiendo sido invitada a formar parte de la Sociedad Nariñista, consultó con el Presidente su descubrimiento. El aprobó que presentara su ponencia sobre el tema, porque la controversia era bienvenida en el seno de la Sociedad y resultaría interesante un noble "duelo de sables". Lo que nunca sospechó el Presidente, era que el trabajo de Carmen Ortega fuera una investigación tan seria y bien documentada. Cuando ella presentó su ponencia ilustrada con diapositivas, los nariñistas se sintieron ofendidos y casi la "linchan". Se desató una polémica por los periódicos, hasta culminar en el libro de Enrique Santos Molano, titulado "Antonio Nariño, filósofo revolucionario", en cuyo apéndice despotrica de doña Carmen. En respuesta, ella publicó "El enigma del medallón", cuya carátula es la reproducción del cuadro.

Después de la Independencia de las colonias, España se empobreció nuevamente. Había muchas familias venidas a menos, pero seguían conservando su orgullo, especialmente los madrileños. Podían no tener garbanzos para la olla, pero se engalanaban para ir de paseo o asistir al teatro. Una de estas familias de origen francés, de apellido Sicourt, tenía varias hijas casaderas. Las jóvenes arreglaban sus vestidos viejos cambiando adornos, agregando arandelas y recurriendo a cuantos artificios les dictaba su imaginación. El resultado era, naturalmente  de muy mal gusto. En la jerga de los jóvenes se había puesto de moda el cambiar el orden de las sílabas en las palabras. Cuando veían llegar a las señoritas Sicourt, decían: "ahí vienen las Courtsi". Para facilitar la pronunciación terminaron por decirles las Cursi. Este es el origen de la palabra cursi, que significa charro, ridículo, etc.

viernes, 8 de marzo de 2013

LA MODA EN EL RENACIMIENTO.

El el siglo XV se inicia en Italia uno de los períodos más brillantes en la historia del mundo occidental. Una concurrencia de circunstancias afortunadas favorece el nuevo humanismo, que parte de un estudio renovado de la antigüedad clásica griega y latina.

Se logró un gran avance en la filosofía, las ciencias, la literatura, el arte, la política, la religión y, en fin, en todas las manifestaciones de la cultura. Las provincias que habían conformado el gran imperio romano germánico se definieron como naciones independientes. El descubrimiento de América, la invención de la imprenta y la reforma luterana dieron lugar al desarrollo y divulgación de los conocimientos que sacaron a Europa del oscurantismo de la Edad Media.

Se presentó una gran bonanza económica gracias al auge del comercio por el Mediterráneo en el cual fue muy importante el renglón de las sedas de China. España salió de la postración económica en que la dejó la guerra contra los moros, gracias a los productos que le llegaban de sus colonias del Nuevo Mundo, especialmente el oro y las esmeraldas.

Todo este repunte económico tenía que reflejarse en la moda que lucieron los poderosos. El retrato se generalizó por el desarrollo de la pintura al óleo y constituyó el mejor testimonio de la moda durante el absolutismo europeo.

Con el fin de guardar un recuerdo para la posteridad, se encargó a pintores famosos la ejecución de los retratos de los reyes, los príncipes y los cortesanos. También se hacían retratar los prósperos burgueses, enriquecidos en la industria y el comercio, quienes competían con la nobleza en lujo y ostentación.

En esos retratos que se conservan en museos y colecciones particulares, los personajes aparecen siempre serios pues se consideraba que enseñar los dientes era un gesto agresivo. La enigmática sonrisa de la Monalisa se expresa más con los ojos que con los labios, pues no llega a despegarlos. Algún crítico de arte comentaba que la seriedad de los personajes se debía al mal estado de las dentaduras, puesto que la odontología era una ciencia apenas incipiente y se ignoraban los modernos procesos de restauración.

En las obras pictóricas los hombres aparecen con jubón de terciopelo de mangas voluminosas y muy adornadas. Encima llevan una capa corta u hopalanda forrada en pieles. El traje corto deja al descubierto las piernas enfundadas en calzas ajustadas, a veces de un color diferente cada pierna. Aunque el artista las presenta adheridas a las piernas, es de presumir que el efecto real seria diferente porque no se conocía el tejido de punto y el paño o la seda no podían dar esa apariencia. Los que no tenían las piernas robustas, rellenaban las calzas con almohadillas de salvado.

El tocado masculino era rebuscado y pesado. Lucían el cabello rizado y se lo decoloraban para que pareciera rubio. Los gorros de colores vivos, especialmente el rojo, hacían resaltar esas deslumbrantes cabelleras.

La moda femenina también era muy vistosa. Sobre el "brial", que era un traje de seda ajustado al cuerpo, las mujeres usaban una hopalanda larga con cola y amplias mangas adornadas con bordados y aplicaciones. El escote se hizo cada vez más amplio, tanto que los predicadores preocupados decían que existía el riesgo de que ellas se salieran del vestido por encima, si se descuidaban.

Las cortesanas de Florencia introdujeron la moda de los calzones, que posteriormente pasó a Francia y se generalizó en Europa. Los usaban muy adornados con encajes y cintas. También introdujeron el uso de los botones que facilitaban el cambio de ropa y pusieron de moda los "drapaselli de naso", para sonarse; los más primorosos se fabricaban en Florencia y era costumbre perfumarlos. Más adelante, durante el Romanticismo, los pañuelos femeninos jugarían un papel muy importante para iniciar o deshacer romances.

El color negro no significaba luto; los reyes lo guardaban con el color violeta y las reinas, con el blanco.

El jubón cerrado se llevaba con "gregüescos" tan cortos, que dejaban al descubierto las piernas, ahora favorecidas con calzas tejidas en punto de media. Los gregüescos en forma de bolsa hinchada solían estar acuchillados. Esto es, con cortes verticales que dejaban asomar el forro, de un color más claro. La pieza que los cerraba por delante formando un puente se convirtió en un adorno y sirvió de bolsillo. Tal alarde de virilidad se prolongó por mucho tiempo.

Se usó la capa corta de jinete que se adornaba con un falso capuchón y se podía colgar de un hombro. Con el tiempo, la capa se alargó y llegó a convertirse en la típica capa española.

La moda femenina tuvo dos características: el corpiño estrecho y la falda amplia. El cuerpo rígido, formado con tela endurecida o con cartón, estaba armado con ballenas (espinas de ballena), alambres y varillas de junco que daban al busto una rigidez que perduraría por dos siglos, haciendo olvidar las suaves formas femeninas y se veía aun más largo por un corte en punta que descendía sobre la falda.

La falda era de gran amplitud, y se sostenía mediante un armazón llamado "verdugo" por su procedencia de vástago de árbol y no por su acepción más frecuente, aunque efectivamente torturó las carnes de quienes lo sufrieron. Montaigne comentaba: "Para tener un cuerpo muy español, qué suplicio no soportan las mujeres, erguidas y cinchadas con gruesas cuñas en las costillas que desgarran la carne e incluso causan la muerte (...) y para qué sirven esos gruesos baluartes con que las mujeres han dado en armar sus costados, sino para despertar nuestro apetito y atraernos a la vez que nos alejan?".


LA MODA POPULAR ESPAÑOLA

Con el profundo sentimiento de la forma y el color que siempre ha tenido el pueblo para imitar las modas de las clases privilegiadas, el pueblo español hizo propia la moda cortesana, adaptándola a las faenas, el ambiente y el clima para sacar de ella los distintos trajes regionales.

Los aldeanos no aceptaron instrumentos de tortura: en su indumentaria no aparecieron el verdugo ni la gola. Los inmigrantes españoles que vinieron a colonizar el Nuevo Reino de Granada, determinaron también los trajes regionales colombianos. Los inmigrantes escogieron las regiones más semejantes a su lugar de origen. Los castellanos se establecieron en Santa Fe y la región andina; los andaluces, en la costa atlántica, en donde impusieron sus estilos. En Santa Fe, los trajes sobrios; en la costa, los trajes alegres.

Con el tiempo, se produjo el mestizaje de la moda. El pañolón negro de flecos usado por las campesinas surgió del mantón sevillano y de la líquira chibcha; la ruana, como dice la canción, surgió de la capa castellana y la manta chibcha. Los chibchas habían sido expertos hilanderos y tejedores del algodón; cuando los españoles introdujeron las ovejas, aprendieron a hilar y tejer la lana.

lunes, 4 de marzo de 2013

LA MODA EN EL MUNDO OCCIDENTAL Y EN COLOMBIA

CAPITULO II

LA MODA EN LA EDAD MEDIA


La edad media es el periodo comprendido entre la caída del Imperio Romano y el Renacimiento. En este tiempo, los pueblos europeos no se preocuparon por la moda. Una sociedad entregada por completo a la lucha cotidiana por sobrevivir, no disponía del tiempo ni de los recursos necesarios para engalanarse o cambiar de atavío por capricho. La elegancia fue privilegio de pequeños grupos de poderosos y, aun en ellos, los trajes eran algo muy valioso que había que conservar por mucho tiempo y que se legaba de una generación a otra.

Por consiguiente, la moda evolucionó muy lentamente durante la Edad Media. El cambio más significativo consistió en el abandono de las prendas amplias de los romanos, en favor de una vestimenta cortada y cosida, más ajustada al cuerpo. Los trajes eran de una sencillez casi monástica, como se puede ver en las estatuas de las catedrales y en los retablos de la época. Los integrantes de las órdenes religiosas, frailes y monjas, siguieron usando esos hábitos durante varios siglos.

Los tocados de las damas, en cambio, eran bastante complicados. Algunos tenían forma de conos altísimos, con un velo que caía desde la punta, tal como los que se les dibujan a las hadas en los cuentos infantiles; el tocado más común era una especie de rodete de tela blanca y almidonada, llamado "balso". Se le podía variar el aspecto encañonandolo o poniéndole un borde rizado. Este tocado dio origen a las "cornetas" que lucieron las hermanas de la caridad hasta bien avanzado el siglo XX, cuando fueron abolidas por un Papa progresista.

Los trajes femeninos constaban de dos túnicas superpuestas llamadas la "vesta" y la "sobrevesta". El traje, de mangas largas y estrechas, se cerraba por la espalda con un sistema de nudos que hacía imposible que la dama se desvistiera por sí misma, de tal manera que debía ser ayudada por el esposo o por la dama de componía  El pudor femenino fue tan severamente protegido que se inventó el cinturón de castidad y fue impuesto a las damas cuando el marido se ausentaba por causa de la guerra.

No usaban calzones como las romanas porque se suponía que una mujer honesta no los necesitaba. El verbo "desnudar" viene precisamente de deshacer los nudos. La vesta se llamó también el "sufridor" porque estaba en contacto directo con la piel y a veces transcurría más tiempo del conveniente para mudar la prenda. Se dice de la Reina Isabel de Castilla que había hecho la promesa de no cambiarse el "sufridor" hasta cuando los moros fueran expulsados de España. 

El traje masculino se componía de una túnica larga que llegaba hasta las corvas, con mangas largas y estrechas como las del traje femenino. A menudo se adornaba con bordados en la parte delantera y alrededor del cuello. El cinturón, colocado muy bajo, quedaba cubierto con un abullonado. Los calzones eran de paño; sobre ellos se enrollaban bandas de colores. El cabello se llevaba corto, y el rostro afeitado, a lo sumo con bigotes. En la alta Edad Media ya no se rendía culto a la barba como en la época del Cid Campeador, cuando la mayor ofensa que se podía infligir a un caballero era "mesar la barba", esto es, arrancarla con las manos.

La gran empresa de las Cruzadas hizo necesaria la invención de un vestido para la guerra: las armaduras metálicas, las cotas de malla, el yelmo y la visera suplieron esa necesidad e hicieron imperativa la eliminación de la barba. Con el tiempo, las armaduras fueron perfeccionándose y se forjaron piezas para proteger todo el cuerpo, incluso los pies y los dedos de las manos. Se logró darles la movilidad conveniente mediante bisagras que se lubricaban con grasa negra.

Cuando los caballeros entraban en combate vestidos con sus armaduras, no hubieran podido ser reconocidos sin los colores distintivos adoptados por cada uno. Para identificarse en un mundo en donde casi todos eran analfabetos, pintaron o grabaron en los escudos figuras representativas de su nombre o lugar de origen. Así nació la heráldica.



LA MODA EN EL MUNDO OCCIDENTAL Y EN COLOMBIA.

ANTECEDENTES
La evolución del vestido es uno de los aspectos más interesantes en la historia de la humanidad: tiene que ver con la idiosincrasia de los pueblos, con la sociología, con el arte, con la geografía, con el folclor y con la moral.

El vestido tuvo su origen en la necesidad de proteger el cuerpo de los rigores del clima y de las asperezas de la naturaleza; luego surgió la preocupación moral por cubrir la desnudez; de ahí en adelante comenzó a desarrollarse un constante proceso de evolución para cumplir una función estética y social, que llegó a convertirse en una actividad industrial y comercial que mueve grandes capitales.

El adorno del cuerpo es innato al ser humano. En los grupos primitivos se observa el gusto por el adorno corporal, aun en tribus totalmente desnudas: practicaban el tatuaje y la pintura con tintas vegetales, que a la vez les servía de protección contra las picaduras de los insectos y las quemaduras provocadas por el sol; usaban collares de semillas coloreadas y de huesos o colmillos de los animales que cazaban para sobrevivir y demostrar su valentía; se adornaban la cabeza con plumas y algunos se deformaban el cráneo desde la infancia.

En los grupos precolombinos de las culturas andinas se trabajó la orfebrería con admirable técnica y con diseños originales que hoy podemos admirar en el Museo del Oro en Bogotá. Las figuras son decorativas y simbolizan a los dioses, los caciques y la fauna conocida como aves, tigres, monos y particularmente las que tienen que ver con el agua como los peces y las ranas, pues veneraban las lagunas sagradas, en donde suponían que habitaban los dioses. Con esos elementos fundían diademas, coronas, pectorales, narigueras, pinzas para depilar, brazaletes y mil objetos más. Los principales orfebres en nuestro territorio fueron los Quimbayas de la región del Quindío y los Chibchas de Cundinamarca, Boyacá y Santander.

La moda evoluciona de la complejidad a la sencillez. El elemento tipificador del vestido en las distintas regiones va desapareciendo a medida que avanza el desarrollo de los pueblos, se agilizan las comunicaciones y se estrechan los vínculos con otras naciones. El traje folclórico de cada región va quedando relegado a los festivales pueblerinos, al teatro y a los museos.

La austeridad en el vestir es propia del nacimiento de toda civilización. A medida que el poderío se afianza y extiende, el vestido va evolucionando hasta llegar al traje fastuoso que precede a su decadencia y ocaso. Recordemos las ricas togas de los emperadores romanos y la elegancia de Petronio, considerado en la Corte de Nerón como el árbitro de la moda. ¿Y qué decir de los lujosos vestidos de María Antonieta de Francia?

La moda necesita un escenario en donde pueda ser presentada al público. La moda es ante todo exhibicionista  los elegantes quieren ser vistos y admirados.

El Ágora en Grecia y el Foro en Roma, fueron los lugares más frecuentados por los elegantes. La moda adquiere importancia en las ciudades capitales, que es en donde se concentran el poder y la riqueza. En Europa, durante la Edad Media y el Renacimiento, las Cortes fueron los escenarios de la moda. Los soberanos atraían la atención de la nobleza en todo el continente. Cuando las Cortes se reunían para celebraciones especiales como bodas o coronaciones, los trajes se presentaban en la forma más ostentosa posible. El diseño, la confección y los adornos se estudiaban con suficiente anticipación para que correspondieran a la magnificencia del evento.