viernes, 15 de marzo de 2013

LA MODA REPUBLICANA

Como dijimos anteriormente, el esplendor de la moda en una civilización es presagio de su decadencia y ocaso. La ostentación de las Cortes europeas durante el Renacimiento, no podría continuar por siempre. Tendría que llegar la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII (1789) a poner fin a la monarquía y a esparcir por el mundo los aires de la libertad, que condujeron a la Independencia de las colonias en América.

El nuevo humanismo gestado durante el Renacimiento puso término al oscurantismo de la Edad Media. España se había quedado rezagada frente a los demás países europeos. Mientras éstos progresaban en las ciencias y la filosofía, España seguía quemando brujas en el Santo Tribunal de la Inquisición.

El desarrollo intelectual del Renacimiento se pudo divulgar gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles  por Gutenberg en 1450.

Los libros llegaban de contrabando a las colonias, ocultos en toneles de vino. Los intelectuales criollos se inspiraron en las nuevas ideas. Antonio Nariño tradujo "Los derechos del hombre" y logró publicarlos clandestinamente en su imprenta patriótica en 1793.


La Revolución Francesa influyó definitivamente en Colombia, no solamente en lo político, sino también en las costumbres, la arquitectura y, por supuesto en la moda. En la arquitectura se pasó del estilo colonial español al estilo francés republicano inspirado en el clasicismo griego y romano. En la moda, la aristocracia dejó de dar el tono, pese a las tentativas de Napoleón. En el traje masculino triunfó la moda burguesa: un hombre ya no llevaría jamás un frac bordado ni un sombrero con plumas.


Los hombres desecharon las casacas galonadas, las pelucas empolvadas, el calzón corto, los zapatos con hebillas y el sombrero al tres (tricornio). Vistieron levita de paño, botas de charol y sombrero de copa alta. Lucieron el cabello corto, en guedejas, como los revolucionarios franceses. Así lo vemos en los retratos de los próceres de nuestra independencia.

Lo que no logró imponer Napoleón en materia de moda masculina, sí lo logró Josefina quien impuso el "estilo imperio" en los trajes femeninos: la línea general evocaba la silueta de las mujeres de la antigüedad clásica, con la diferencia de que no eran drapeados sino que iban cortados y cosidos con el corpiño ajustado, por lo general fijo sobre un corsete de tela endurecida que sostenía el pecho; la falda montada en frunces a la espalda, terminaba en cola.

Tenemos una imagen criolla del estilo "imperio" en el retrato de doña Magdalena Ortega de Nariño, que se conserva en el Museo Veinte de Julio en Bogotá, más conocido como "Casa del Florero". Aparece doña Magdalena en la plenitud de su belleza, engalanada con ricas joyas y luciendo un traje de seda de talle alto.

Este retrato causó una gran polémica entre los historiadores, académicos e intelectuales, por causa del descubrimiento que hizo la historiadora Carmen Ortega Ricaurte, por entonces directora de dicho museo. Le llamó la atención que el retrato hubiera sido retocado. Al investigar en el archivo encontró que en una reproducción aparecía la dama cubierta con un pañolón negro, que posteriormente le fue borrado, quedando el cuadro en su estado original, tal como lo pintó Joaquín Gutiérrez, uno de los más famosos y caros pintores de la época, en 1801, por encargo de don Jorge Tadeo Lozano.

La familia Nariño había sido despojada de sus bienes y don Antonio estaba preso e incomunicado en Cartagena. ¿De dónde entonces tanto lujo? ¿Por qué el medallón que luce doña Magdalena tiene la imagen de don Jorge Tadeo Lozano y no la de don Antonio Nariño?

Estos detalles y la adulteración que había sufrido el retrato llamaron la atención de la historiadora, quien sacó sus propias conclusiones  las cuales comprobó tras una sera investigación, consultando documentos y la iconografía de los personajes involucrados.

Habiendo sido invitada a formar parte de la Sociedad Nariñista, consultó con el Presidente su descubrimiento. El aprobó que presentara su ponencia sobre el tema, porque la controversia era bienvenida en el seno de la Sociedad y resultaría interesante un noble "duelo de sables". Lo que nunca sospechó el Presidente, era que el trabajo de Carmen Ortega fuera una investigación tan seria y bien documentada. Cuando ella presentó su ponencia ilustrada con diapositivas, los nariñistas se sintieron ofendidos y casi la "linchan". Se desató una polémica por los periódicos, hasta culminar en el libro de Enrique Santos Molano, titulado "Antonio Nariño, filósofo revolucionario", en cuyo apéndice despotrica de doña Carmen. En respuesta, ella publicó "El enigma del medallón", cuya carátula es la reproducción del cuadro.

Después de la Independencia de las colonias, España se empobreció nuevamente. Había muchas familias venidas a menos, pero seguían conservando su orgullo, especialmente los madrileños. Podían no tener garbanzos para la olla, pero se engalanaban para ir de paseo o asistir al teatro. Una de estas familias de origen francés, de apellido Sicourt, tenía varias hijas casaderas. Las jóvenes arreglaban sus vestidos viejos cambiando adornos, agregando arandelas y recurriendo a cuantos artificios les dictaba su imaginación. El resultado era, naturalmente  de muy mal gusto. En la jerga de los jóvenes se había puesto de moda el cambiar el orden de las sílabas en las palabras. Cuando veían llegar a las señoritas Sicourt, decían: "ahí vienen las Courtsi". Para facilitar la pronunciación terminaron por decirles las Cursi. Este es el origen de la palabra cursi, que significa charro, ridículo, etc.

viernes, 8 de marzo de 2013

LA MODA EN EL RENACIMIENTO.

El el siglo XV se inicia en Italia uno de los períodos más brillantes en la historia del mundo occidental. Una concurrencia de circunstancias afortunadas favorece el nuevo humanismo, que parte de un estudio renovado de la antigüedad clásica griega y latina.

Se logró un gran avance en la filosofía, las ciencias, la literatura, el arte, la política, la religión y, en fin, en todas las manifestaciones de la cultura. Las provincias que habían conformado el gran imperio romano germánico se definieron como naciones independientes. El descubrimiento de América, la invención de la imprenta y la reforma luterana dieron lugar al desarrollo y divulgación de los conocimientos que sacaron a Europa del oscurantismo de la Edad Media.

Se presentó una gran bonanza económica gracias al auge del comercio por el Mediterráneo en el cual fue muy importante el renglón de las sedas de China. España salió de la postración económica en que la dejó la guerra contra los moros, gracias a los productos que le llegaban de sus colonias del Nuevo Mundo, especialmente el oro y las esmeraldas.

Todo este repunte económico tenía que reflejarse en la moda que lucieron los poderosos. El retrato se generalizó por el desarrollo de la pintura al óleo y constituyó el mejor testimonio de la moda durante el absolutismo europeo.

Con el fin de guardar un recuerdo para la posteridad, se encargó a pintores famosos la ejecución de los retratos de los reyes, los príncipes y los cortesanos. También se hacían retratar los prósperos burgueses, enriquecidos en la industria y el comercio, quienes competían con la nobleza en lujo y ostentación.

En esos retratos que se conservan en museos y colecciones particulares, los personajes aparecen siempre serios pues se consideraba que enseñar los dientes era un gesto agresivo. La enigmática sonrisa de la Monalisa se expresa más con los ojos que con los labios, pues no llega a despegarlos. Algún crítico de arte comentaba que la seriedad de los personajes se debía al mal estado de las dentaduras, puesto que la odontología era una ciencia apenas incipiente y se ignoraban los modernos procesos de restauración.

En las obras pictóricas los hombres aparecen con jubón de terciopelo de mangas voluminosas y muy adornadas. Encima llevan una capa corta u hopalanda forrada en pieles. El traje corto deja al descubierto las piernas enfundadas en calzas ajustadas, a veces de un color diferente cada pierna. Aunque el artista las presenta adheridas a las piernas, es de presumir que el efecto real seria diferente porque no se conocía el tejido de punto y el paño o la seda no podían dar esa apariencia. Los que no tenían las piernas robustas, rellenaban las calzas con almohadillas de salvado.

El tocado masculino era rebuscado y pesado. Lucían el cabello rizado y se lo decoloraban para que pareciera rubio. Los gorros de colores vivos, especialmente el rojo, hacían resaltar esas deslumbrantes cabelleras.

La moda femenina también era muy vistosa. Sobre el "brial", que era un traje de seda ajustado al cuerpo, las mujeres usaban una hopalanda larga con cola y amplias mangas adornadas con bordados y aplicaciones. El escote se hizo cada vez más amplio, tanto que los predicadores preocupados decían que existía el riesgo de que ellas se salieran del vestido por encima, si se descuidaban.

Las cortesanas de Florencia introdujeron la moda de los calzones, que posteriormente pasó a Francia y se generalizó en Europa. Los usaban muy adornados con encajes y cintas. También introdujeron el uso de los botones que facilitaban el cambio de ropa y pusieron de moda los "drapaselli de naso", para sonarse; los más primorosos se fabricaban en Florencia y era costumbre perfumarlos. Más adelante, durante el Romanticismo, los pañuelos femeninos jugarían un papel muy importante para iniciar o deshacer romances.

El color negro no significaba luto; los reyes lo guardaban con el color violeta y las reinas, con el blanco.

El jubón cerrado se llevaba con "gregüescos" tan cortos, que dejaban al descubierto las piernas, ahora favorecidas con calzas tejidas en punto de media. Los gregüescos en forma de bolsa hinchada solían estar acuchillados. Esto es, con cortes verticales que dejaban asomar el forro, de un color más claro. La pieza que los cerraba por delante formando un puente se convirtió en un adorno y sirvió de bolsillo. Tal alarde de virilidad se prolongó por mucho tiempo.

Se usó la capa corta de jinete que se adornaba con un falso capuchón y se podía colgar de un hombro. Con el tiempo, la capa se alargó y llegó a convertirse en la típica capa española.

La moda femenina tuvo dos características: el corpiño estrecho y la falda amplia. El cuerpo rígido, formado con tela endurecida o con cartón, estaba armado con ballenas (espinas de ballena), alambres y varillas de junco que daban al busto una rigidez que perduraría por dos siglos, haciendo olvidar las suaves formas femeninas y se veía aun más largo por un corte en punta que descendía sobre la falda.

La falda era de gran amplitud, y se sostenía mediante un armazón llamado "verdugo" por su procedencia de vástago de árbol y no por su acepción más frecuente, aunque efectivamente torturó las carnes de quienes lo sufrieron. Montaigne comentaba: "Para tener un cuerpo muy español, qué suplicio no soportan las mujeres, erguidas y cinchadas con gruesas cuñas en las costillas que desgarran la carne e incluso causan la muerte (...) y para qué sirven esos gruesos baluartes con que las mujeres han dado en armar sus costados, sino para despertar nuestro apetito y atraernos a la vez que nos alejan?".


LA MODA POPULAR ESPAÑOLA

Con el profundo sentimiento de la forma y el color que siempre ha tenido el pueblo para imitar las modas de las clases privilegiadas, el pueblo español hizo propia la moda cortesana, adaptándola a las faenas, el ambiente y el clima para sacar de ella los distintos trajes regionales.

Los aldeanos no aceptaron instrumentos de tortura: en su indumentaria no aparecieron el verdugo ni la gola. Los inmigrantes españoles que vinieron a colonizar el Nuevo Reino de Granada, determinaron también los trajes regionales colombianos. Los inmigrantes escogieron las regiones más semejantes a su lugar de origen. Los castellanos se establecieron en Santa Fe y la región andina; los andaluces, en la costa atlántica, en donde impusieron sus estilos. En Santa Fe, los trajes sobrios; en la costa, los trajes alegres.

Con el tiempo, se produjo el mestizaje de la moda. El pañolón negro de flecos usado por las campesinas surgió del mantón sevillano y de la líquira chibcha; la ruana, como dice la canción, surgió de la capa castellana y la manta chibcha. Los chibchas habían sido expertos hilanderos y tejedores del algodón; cuando los españoles introdujeron las ovejas, aprendieron a hilar y tejer la lana.

lunes, 4 de marzo de 2013

LA MODA EN EL MUNDO OCCIDENTAL Y EN COLOMBIA

CAPITULO II

LA MODA EN LA EDAD MEDIA


La edad media es el periodo comprendido entre la caída del Imperio Romano y el Renacimiento. En este tiempo, los pueblos europeos no se preocuparon por la moda. Una sociedad entregada por completo a la lucha cotidiana por sobrevivir, no disponía del tiempo ni de los recursos necesarios para engalanarse o cambiar de atavío por capricho. La elegancia fue privilegio de pequeños grupos de poderosos y, aun en ellos, los trajes eran algo muy valioso que había que conservar por mucho tiempo y que se legaba de una generación a otra.

Por consiguiente, la moda evolucionó muy lentamente durante la Edad Media. El cambio más significativo consistió en el abandono de las prendas amplias de los romanos, en favor de una vestimenta cortada y cosida, más ajustada al cuerpo. Los trajes eran de una sencillez casi monástica, como se puede ver en las estatuas de las catedrales y en los retablos de la época. Los integrantes de las órdenes religiosas, frailes y monjas, siguieron usando esos hábitos durante varios siglos.

Los tocados de las damas, en cambio, eran bastante complicados. Algunos tenían forma de conos altísimos, con un velo que caía desde la punta, tal como los que se les dibujan a las hadas en los cuentos infantiles; el tocado más común era una especie de rodete de tela blanca y almidonada, llamado "balso". Se le podía variar el aspecto encañonandolo o poniéndole un borde rizado. Este tocado dio origen a las "cornetas" que lucieron las hermanas de la caridad hasta bien avanzado el siglo XX, cuando fueron abolidas por un Papa progresista.

Los trajes femeninos constaban de dos túnicas superpuestas llamadas la "vesta" y la "sobrevesta". El traje, de mangas largas y estrechas, se cerraba por la espalda con un sistema de nudos que hacía imposible que la dama se desvistiera por sí misma, de tal manera que debía ser ayudada por el esposo o por la dama de componía  El pudor femenino fue tan severamente protegido que se inventó el cinturón de castidad y fue impuesto a las damas cuando el marido se ausentaba por causa de la guerra.

No usaban calzones como las romanas porque se suponía que una mujer honesta no los necesitaba. El verbo "desnudar" viene precisamente de deshacer los nudos. La vesta se llamó también el "sufridor" porque estaba en contacto directo con la piel y a veces transcurría más tiempo del conveniente para mudar la prenda. Se dice de la Reina Isabel de Castilla que había hecho la promesa de no cambiarse el "sufridor" hasta cuando los moros fueran expulsados de España. 

El traje masculino se componía de una túnica larga que llegaba hasta las corvas, con mangas largas y estrechas como las del traje femenino. A menudo se adornaba con bordados en la parte delantera y alrededor del cuello. El cinturón, colocado muy bajo, quedaba cubierto con un abullonado. Los calzones eran de paño; sobre ellos se enrollaban bandas de colores. El cabello se llevaba corto, y el rostro afeitado, a lo sumo con bigotes. En la alta Edad Media ya no se rendía culto a la barba como en la época del Cid Campeador, cuando la mayor ofensa que se podía infligir a un caballero era "mesar la barba", esto es, arrancarla con las manos.

La gran empresa de las Cruzadas hizo necesaria la invención de un vestido para la guerra: las armaduras metálicas, las cotas de malla, el yelmo y la visera suplieron esa necesidad e hicieron imperativa la eliminación de la barba. Con el tiempo, las armaduras fueron perfeccionándose y se forjaron piezas para proteger todo el cuerpo, incluso los pies y los dedos de las manos. Se logró darles la movilidad conveniente mediante bisagras que se lubricaban con grasa negra.

Cuando los caballeros entraban en combate vestidos con sus armaduras, no hubieran podido ser reconocidos sin los colores distintivos adoptados por cada uno. Para identificarse en un mundo en donde casi todos eran analfabetos, pintaron o grabaron en los escudos figuras representativas de su nombre o lugar de origen. Así nació la heráldica.



LA MODA EN EL MUNDO OCCIDENTAL Y EN COLOMBIA.

ANTECEDENTES
La evolución del vestido es uno de los aspectos más interesantes en la historia de la humanidad: tiene que ver con la idiosincrasia de los pueblos, con la sociología, con el arte, con la geografía, con el folclor y con la moral.

El vestido tuvo su origen en la necesidad de proteger el cuerpo de los rigores del clima y de las asperezas de la naturaleza; luego surgió la preocupación moral por cubrir la desnudez; de ahí en adelante comenzó a desarrollarse un constante proceso de evolución para cumplir una función estética y social, que llegó a convertirse en una actividad industrial y comercial que mueve grandes capitales.

El adorno del cuerpo es innato al ser humano. En los grupos primitivos se observa el gusto por el adorno corporal, aun en tribus totalmente desnudas: practicaban el tatuaje y la pintura con tintas vegetales, que a la vez les servía de protección contra las picaduras de los insectos y las quemaduras provocadas por el sol; usaban collares de semillas coloreadas y de huesos o colmillos de los animales que cazaban para sobrevivir y demostrar su valentía; se adornaban la cabeza con plumas y algunos se deformaban el cráneo desde la infancia.

En los grupos precolombinos de las culturas andinas se trabajó la orfebrería con admirable técnica y con diseños originales que hoy podemos admirar en el Museo del Oro en Bogotá. Las figuras son decorativas y simbolizan a los dioses, los caciques y la fauna conocida como aves, tigres, monos y particularmente las que tienen que ver con el agua como los peces y las ranas, pues veneraban las lagunas sagradas, en donde suponían que habitaban los dioses. Con esos elementos fundían diademas, coronas, pectorales, narigueras, pinzas para depilar, brazaletes y mil objetos más. Los principales orfebres en nuestro territorio fueron los Quimbayas de la región del Quindío y los Chibchas de Cundinamarca, Boyacá y Santander.

La moda evoluciona de la complejidad a la sencillez. El elemento tipificador del vestido en las distintas regiones va desapareciendo a medida que avanza el desarrollo de los pueblos, se agilizan las comunicaciones y se estrechan los vínculos con otras naciones. El traje folclórico de cada región va quedando relegado a los festivales pueblerinos, al teatro y a los museos.

La austeridad en el vestir es propia del nacimiento de toda civilización. A medida que el poderío se afianza y extiende, el vestido va evolucionando hasta llegar al traje fastuoso que precede a su decadencia y ocaso. Recordemos las ricas togas de los emperadores romanos y la elegancia de Petronio, considerado en la Corte de Nerón como el árbitro de la moda. ¿Y qué decir de los lujosos vestidos de María Antonieta de Francia?

La moda necesita un escenario en donde pueda ser presentada al público. La moda es ante todo exhibicionista  los elegantes quieren ser vistos y admirados.

El Ágora en Grecia y el Foro en Roma, fueron los lugares más frecuentados por los elegantes. La moda adquiere importancia en las ciudades capitales, que es en donde se concentran el poder y la riqueza. En Europa, durante la Edad Media y el Renacimiento, las Cortes fueron los escenarios de la moda. Los soberanos atraían la atención de la nobleza en todo el continente. Cuando las Cortes se reunían para celebraciones especiales como bodas o coronaciones, los trajes se presentaban en la forma más ostentosa posible. El diseño, la confección y los adornos se estudiaban con suficiente anticipación para que correspondieran a la magnificencia del evento.

miércoles, 27 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Agradecimiento a los lectores

Amables lectores:

Agradezco sus constantes visitas a mi blog porque me llenan de alegría y me entusiasman para seguir escribiendo.

Muchas de estas visitas provienen no solamente de Colombia, sino de otros países amigos como Alemania, Argentina, Bélgica, Bolivia, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, México, Reino Unido y Ucrania. 

Si alguien quiere dirigirme un comentario  una sugerencia o una crítica, puede hacerlo directamente en mi blog, o bien escribirme a mi correo Marialuzarrieta@gmail.com.

Recibiré con gratitud sus palabras, porque contribuirán a mejorar mi trabajo. 

Próximamente compartiré con ustedes un ensayo titulado "La moda en el mundo occidental y en Colombia". No es una crónica frívola sobre moda farandulera de canutillos y lentejuelas. Es un estudio histórico y sociológico.

Hasta pronto.

lunes, 25 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Veinte

Diciembre 1°

Hoy fue el estreno de la casa campestre de Berta y la presentación de Bill O'Leary. Algunos ya conocíamos a Bill por sus viajes esporádicos a Bogotá; pero muy pocos sabíamos de su historia de amor, tan real como la vida misma, pero comparable a una novela rosa. El tiempo implacable ha sido benévolo con Bill. Sigue siendo muy parecido a Clint Eastwood y ahora se asemeja más al actor, tal como aparece en "Los puentes de Madison", esa película tan romántica que protagonizó con Merryl Streep.

Anunciaron su compromiso y fueron felicitados efusivamente. Pero lo que nadie podía imaginarse, era que íbamos a brindar por un doble compromiso. Juan Tibaquirá llegó en su automóvil modelo 2002, en el cual se desplaza a Bogotá y a donde quiera que no pueda ir en bicicleta. Llegó muy elegante y estaba casi irreconocible: vestía pantalón de pana, chaqueta de gamuza y camisa de cuello abierto; llevaba el cabello recogido atrás, en una "cola de caballo". No deja de ser un personaje exótico, pero atractivo. Juanita salió a su encuentro. Estaba linda y juvenil. No vestía los acostumbrados bluyines, sino un traje sencillo confeccionado en tela artesanal y bordado a mano por las campesinas de una vereda de Chía.

A propósito, María Eugenia Holguín de Casabianca trabaja con ese grupo de mujeres: las organizó en una cooperativa, financia sus materiales y promueve sus ventas, incluso en el exterior por intermedio de Artesanías de Colombia.

Volviendo a lo anterior, Juanita y Juan se saludaron alegremente y se acercaron al grupo tomados de las manos. Juanita lo presentó como su novio, lo cual no fue ninguna sorpresa para mí. La noticia fue recibida con beneplácito, porque Juan ha sabido granjearse la simpatía de la familia. Comprendimos a Juanita. Mis amigas y yo quedamos encantadas con la sonrisa de Juan, que siendo más con los ojos que los labios, deja ver una hilera de dientes perfectos.

En el jardín ya están floreciendo las plantas. Hay una bella variedad de flores multicolores: rosas, hortensias, margaritas, gladiolos, pensamientos y otras. Los prados están verdes, tupidos y bien podados, como campos de golf. Unos agrónomos de Tabio están cuidando muy bien los árboles añejos, que dan sombra y embellecen el paisaje como las acacias, los urapanes y los magnolios. Berta desistió del cultivo de curubas. En cuanto a las flores, prefiere verlas en los jardines y no bajo invernaderos de plástico.

Para la ocasión  se instalaron mesas con parasoles que los invitados fueron ocupando a medida que llegaban. Esta vez, los señores no tuvieron que encender las brasas ni asar las viandas. Berta encargó la paella a un afamado restaurante valenciano de la carretera. Nuestros amigos se integraron espontáneamente con nuestras familias, en un ambiente de grata camaradería. Vicente, Iván, Alonso y José Joaquín establecieron lazos de amistad con Bill, que perdurarán en el tiempo, estoy segura.

- ¿Recuerdan, muchachas- nos preguntó Mariana - que al comenzar el año, en el cumpleaños de Lilia, hablamos de la falta que nos hacía una compañia masculina para conversar, escuchar música o asistir a un espectaculo?

- ¡Claro que sí! - respondimos al tiempo - Hoy podemos decir que somos muy afortunadas.

Recorrimos la casa para admirar el excelente trabajo que ejecutaron Juanita y Juan, al conjugar tan acertadamente los adelantos de la arquitectura moderna, con el ambiente tradicional y hogareño de los chalets suizos. Luego, recorrimos los jardines por senderos enladrillados. Caminando por allí, Vicente me preguntó si había seguido escribiendo.

- Si, Vicente  He escrito algunas páginas más, porque siempre acepto tus sugerencias. Pero las historias no se pueden prolongar indefinidamente. La vida es un fluir continuo como las aguas de los ríos: a veces corren tranquilas y serenas; a veces se precipitan en cataratas o forman remolinos. Ahora, cuando nuestras vidas son tan placenteras, es el momento de marcar el punto final, no sin recordar a Jorge Manrique:


"Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir..."

FIN

viernes, 22 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Diecinueve

Septiembre 30


Por distintas razones, hemos tenido que aplazar indefinidamente la tarde de juego donde Lilia. Hace casi un mes que no nos reunimos, pero hemos estado comunicándonos por teléfono para tener noticias las unas, de las otras.

Clarisa tiene un proyecto con José Joaquín Diazgranados. Él admira sus cuadros porque denotan verdadero talento y cree que ella tien el deber de desarrollarlo en un ámbito más amplio, que sea solamente el de sus familiares y amigos. Así, le propuso que dé clases a un grupo de estudiantes. Su casa es suficientemente amplia y se puede adecuar un espacio para taller y con el tiempo, ¿por qué no?, abrir una galería para promover los talentos jóvenes. A Clarisa le interesa la idea. Contando con José Joaquín, el proyecto le parece más promisorio.

Me contó la conversación que habían sostenido, palabras más o palabras menos:

- No creas que te lo estoy proponiendo desinteresadamente, - le dijo él - yo seré el primer alumno que se matricule en tu academia, porque una de mis grandes frustraciones es no haberme dedicado a la pintura. Mis padres me desalentaron porque pensaban que como pintor, me iba a morir de hambre. Tenía que estudiar una carrera que me proporcionara un buen vivir.

- Habrías llegado a ser un gran pintor, de la talla de Obregón, Botero o Grau.

- No lo sé. Pero ahora tengo la esperanza de llegar a ser un buen pintor aficionado y habré vencido una de mis dos grandes frustraciones.

- No creo que en tu vida hayas sufrido frustraciones pero, a riesgo de ser indiscreta, ¿cúal ha sido tu otra gran frustración?

- Tú lo sabes muy bien: mi gran frustración fue que tú hubieras preferido a mi primo Humberto.

Parece que es misión insoslayable de los mayores, la de compartir conocimientos con las generaciones jóvenes. Lilia está dictando cursos de alta cocina a un grupo de jóvenes esposas que habitan en el mismo edificio. Esto le ocupa dos tardes a la semana. Las señoras que asisten han dejado temporalmente sus profesiones y trabajos porque tienen niños pequeños. Mientras miden los ingredientes, rallan, baten, pican  tamizan, licuan, amasan, hornean, espolvorean, cocinan a fuego lento o al "baño de María", no dejan de conversar y comentar las pequeñas historias que se viven en el edificio.

La llegada del coronel les había llamado la atención, por tratarse de un hombre tan interesante: gallardo, con el cabello prematuramente blanco, distinguido, simpático y libre. Unas planearon presentárselo a sus hermanas y otra, a su madre recién divorciada. Alguna opinó que era mejor dejarlas tranquilas, por la fama de mujeriegos que tienen los militares, aunque no es bueno generalizar.

- De todos modos, no hay caso - dijo la residente del 702, su vecina más próxima - el coronel saldrá de viaje y parece que no volverá, porque puso en venta el apartamento.

Lilia ya lo sabía  pero se abstuvo de comentarlo. Precisamente la noche en que salió con Iván, el coronel fue a despedirse. Estaban de vista con Jorge Luis y Lina, muy complacidos de que Lilia tuviera la oportunidad de salir con alguien tan especial como Iván, y lo esperaban para saludarlo. Ella estaba muy elegante con su traje de coctel. No es necesario decir que era de la marca "Ladies Fashion", y lucía joven y bonita. El coronel demostró su admiración, con la expresión de su rostro. Lilia hizo las presentaciones y lo invitó a sentarse. Él manifestó que no se demoraría pues comprendía que iban a salir. Jorge Luis le explicó que aún disponían de tiempo, porque estaban esperando al amigo de Lilia y le ofreció una copa del vino que estaban tomando. La agradeció, pero no la aceptó porque tenía asuntos pendientes. Solamente había ido a despedirse. Pasará en Estados Unidos una larga temporada. Se despidió de Lilia con los consabidos besos en las mejillas. El portero había sido advertido de la visita de Iván, y anunció que el doctor Piedrahita ya subía. Jorge Luis acompañó al coronel a la salida; cuando abrió la puerta, se encontraron con Iván; Jorge Luis hizo las presentaciones; los dos hombres se miraron inquisitivamente, pero se saludaron con toda cortesía, como correspondía.

Días después, Lilia me contó que la cena en el Club de Abogados estuvo deliciosa y que ella disfrutó mucho con la compañía de Iván. Han seguido saliendo, pero no quiso darme detalles por teléfono.

En cuanto a Berta, hay novedades importantes. Ella está prácticamente viviendo en la finca. porque pasa allí la mayor parte del tiempo. Quiere opinar sobre los acabados, los colores, la calidad y el diseño de la cerámica que se ha de instalar en los baños, la cocina y los pisos de mayor tráfico, como son los corredores y las terrazas. Los pisos del interior irán en madera técnicamente tratada, para que no requieran mayor mantenimiento. También está considerando cuales de los muebles que hay allí, desechados por ella misma y por sus hijos al renovar los mobiliarios, vale la pena conservar y cuales se deben regalar al ancianato de Chía.

Está ansiosa por la llegada de Bill, aunque no será antes noviembre porque tiene asuntos que arreglar en Miami y Nueva York. Pero no solamente ella está ansiosa: Juanita también lo está, por ver pronto el resultado de su trabajo y contratar nuevas obras con los finqueros vecinos. Desde luego, en sociedad con Juan Tibaquirá.

Berta me contó confidencialmente y lo repito con discreción porque no saldrá de estas páginas, que Juanita parece muy interesada por el maestro. Una mañana en que Berta, viendo la pila de vigas desmontadas, le pidió por favor que alguno de los muchachos partiera leña para las chimeneas, él le aseguró con toda propiedad que la tendría por la tarde. No distrajo a ninguno de los obreros del trabajo que ya les había asignado. Pero cuando terminaron la labor y se fueron, Juan se despojó de su overol naranja, salió torsidesnudo des vestidor de los trabajadores y empezó a partir la leña. Juanita estaba en la terraza haciendo cuentas y cuando oyó los golpes del hacha y el crujir de la madrea, se asomó. Al verlo, se quedó admirando su figura de héroe legendario, tan atlético como los capitanes Tabio y Tenjo que acompañaron al Zipa Tisquesusa en su trágica epopeya.

- Pero no creas que es solamente el físico de Juan lo que atrae a Juanita - me dijo Berta. - Allí donde lo ves, como un sencillo maestro de obra pueblerino, es un hombre que ha leído mucho y ha adquirido una buena cultura general: es un verdadero autodidacta. Visita frecuentemente la Casa de Cultura de Cajicá y la bibliotecaria le presta los libros. Prefiere la novela porque le permite conocer otras épocas y otros lugares. Así, ha viajado por el mundo y por el tiempo con Emilio Salgari, José Eustacio Rivera, Julio Verne, Alejandro Dumas, Cervantes, Dickens, Dostoyevski, Mark Twain y muchos más; admira a  Homero, cuyos héroes troyanos y dioses olímpicos le recuerdan a sus ancestros chibchas y a sus dioses tutelares. Además, está bien informado sobre los temas de actualidad en la política y la economía porque está suscrito a diarios y revistas importantes.

- ¿Cómo sabes todo eso?

- Porque Juanita me lo contó. Pasan mucho tiempo conversando en el descanso del mediodía y por la tarde, cuando los obreros se han ido. Por otra parte, yo creo que durante sus paseos dominicales en bicicleta, han llegado a conocerse mejor.

- Me parece un hombre interesante y muy valioso como ser humano. ¿Qué pensarías, si el interés que siente Juanita por Juan se convirtiera en un sentimiento profundo?

- Me alegraré, si él le corresponde. Creo que es el hombre que le conviene y que puede hacerla feliz.

Mientras nuestras amigas han estado ocupadas en sus actividades tan interesantes, Mariana y yo nos hemos dedicado al séptimo arte. Están pasando un festival de cine europeo en "Cinemanía", que es un conjunto de pequeñas salas de proyección muy acogedoras, en donde se puede disfrutar de cine de alta calidad. Allí, dos personas mayores o dos estudiantes pueden entrar con una sola boleta entre semana. Los horarios son escalonados, de manera que hemos podido entrar a ver una película a las 2:30, luego tomar algo en la cafetería y entrar a ver otra a las 5 p.m.

Le pregunté a Mariana por Gabriel Artigas y me dio la buena noticia de que ya dejó la silla de ruedas y está caminando con bastón, sólo por darse seguridad. Ya retomó las clases en la Universidad y está muy ocupado. Tanto, que ya no se escriben con la misma frecuencia.

Ahora, Mariana está muy contenta porque ya tiene compañía para ir a los conciertos sabatinos en el auditorio León de Greiff, en la Universidad Nacional. Recuerda con cierta nostalgia la época en que iba con Gabriel. Cuando él se fue de Colombia, Mariana siguió asistiendo con sus hijas, mientras fueron estudiantes y permanecieron solteras. Pero luego, dejó de ir por falta de compañía.

Conversando con Alonso en la tertulia, descubrieron que son igualmente melómanos y están asistiendo juntos a los conciertos. Como los dos son vecinos de Chapinero Alto, van en el carro de él, porque no se justifica llevar dos carros al mismo sitio. Se les ha vuelto costumbre, cuando salen del concierto, entrar a la pastelería Toledo de la calle 45 a tomar té con bizcochos y conversan largamente sobre lo que no podían hablar, mientras estaban embelesados escuchando la música.

martes, 19 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Dieciocho

Septiembre 3 


Como al fin hoy no tuvimos juego donde Lilia, Berta y yo nos fuimos para finca. La remodelación de la casa campestre avanza con rapidez. El maestro Juan Tibaquirá y su equipo están dando buen rendimiento y Juanita está muy satisfecha. Desde temprano se sube al mirador para observar el camino vecinal por sonde se aparecerá Juan Tibaquirá en su bicicleta. Es el medio de locomoción más utilizado en la región por campesinos, estudiantes y hasta por amas de casa, por se ágil y económico.

Juan Tibaquirá aparece sudoroso y con el cabello al viento; es negro y lacio; lo lleva recortado a la altura de los hombros y para que no le caiga sobre el rostro, usa una cachucha con visera hacia atrás. De diario viste bluyines ajustados y camisetas que no disimulan su recia musculatura. En cuanto llega, deja la bicicleta apoyada en un árbol y entra al vestidor de los trabajadores. Se despoja de la camiseta sudada y sale con su overol naranja y el casco de seguridad. Siempre llega antes que sus obreros para firmar su autoridad.

Juanita y él se reúnen en la cocina para hablar de los asuntos pendientes, mientras toman un rico café preparado por Rosalinda. El maestro da cuenta de los materiales que se han utilizado y de lo que es necesario comprar oportunamente para no tener que para la obra.

Berta está feliz con el cambio que ha visto en Juanita: de ser una mujer despreocupada sin metas hacia el futuro y alejada de su profesión, ha llegado a ser una entusiasta trabajadora. Cuando pasan vecinos de otras fincas, se detienen para admirar el cambio que se está operando en la vieja casona y le piden a Juanita que visite sus predio para proyectar y presupuestar las mejoras que quieren para sus propias casas.

Juan y Juanita dan largos paseos en bicicleta, visitando a los posibles clientes. Los domingos salen desde temprano y recorren la región por veredas y caminos vecinales, evitando las carreteras de mucho tránsito. Van a Cota, Chía, Tenjo, Tabio o Cajicá. En esta última población está la casa de Juan, que comparte con su madre y sus hermanos. Allí almuerzan deliciosos platos de la cocina criolla que la dueña de casa, doña Manuela viuda de Tibaquirá, prepara con esmero y rica sazón. La familia posee varios telares, en los que tejen paños originales y exclusivos que tienen gran demanda en ese emporio textil que es Cajicá, tan visitado por los compradores bogotanos.

Juanita les pidió varias muestras para Berta. Ella, como buena conocedora, apreció su excelente calidad y admiró los hermosos diseños y colores; no dudó de que los conjuntos y abrigos confeccionados con esos paños, tendrán un gran éxito en la colección de otoño e invierno de Ladies Fashion.

La felicidad que se le nota a Berta no es solamente por Juanita, sino por algo muy personal. Para compartir sus sentimientos conmigo, me dio una carta de Bill.

- Léela - me dijo.

Comencé a leerla: "My dear Bertie..." Le pedí que me la tradujera, porque no domino el inglés.

Ella comenzó a leerla con voz entrecortada por la emoción y la alegría, mientras yo la escuchaba atentamente.

Nueva York, agosto 20


Mi querida Berta:

No me resigno a perderte. Te he amado durante muchos años y sé que tú también me has amado. No puedo comprender tu negativa. Tal vez me has juzgado a la ligera. Desde el primer momento supe que tú eres la mujer de mi vida. Si no te hablé antes de matrimonio, no fue por razones egoístas ni por gozar de una libertad que para mí no tendría ningún sentido sin ti. Había que contemplar la realidad: tú eres católica, te habías casado por tu Iglesia que prescribe la indisolubilidad del matrimonio y tu ex marido estaba vivo; no eras libre para casarte conmigo por lo civil, porque en Colombia eso hubiera significado en aquel tiempo delito de bigamia y habrías podido perder la custodia de tus hijos. Yo los quería, como si fueran míos. Me llamaban "uncle Bill" y se alegraban con mis visitas y los paseos que hacíamos a la playa y a Disney World.

Cuando hablaste de regresar a Colombia, no te retuve por tu propio bien. Allá estarías protegida por tus padres y los niños crecerían  con sus abuelos, sus tíos y sus primos. Además, tú ya podrías abrirte camino en el mundo de la moda con tus contactos, tu experiencia y el capital inicial que habías ahorrado.

Yo no podía ofrecerte seguridad ni futuro. Mi trabajo me obligaba a viajar frecuentemente a los países petroleros, casi siempre en conflicto. En el Medio Oriente o en cualquier parte del mundo, mis compañeros y yo sentíamos el rechazo de la gente. Eran frecuentes las manifestaciones con explosiones, gritos y pancartas que decían: "¡Yankees, go home!". Cuando salía a cumplir una misión, no sabía si regresaría vivo o en un ataúd.

Yo me reservaba esas preocupaciones para no inquietarte. No podía someterte a compartir mi vida tan azarosa y en constante riesgo. No puedo ocultarte que más de una vez intenté organizar mi vida con otra mujer  Pero fueron intentos fallidos, porque solamente podía pensar en ti. Hoy sí puedo ofrecerte una vida tranquila y feliz, por los años que nos queden. Me retiré de la Multinacional y viajaré a Colombia muy pronto. Me quedaré a vivir en tu lindo país, así sea que me aceptes o no. Volveré a cortejarte, si es preciso. Sé que tus hijos nos comprenderán porque pertenecen a una generación que creció sin prejuicios y creo que me recuerdan con cariño. Y para que veas que mi decisión es irreversible, dispuse que el Social Security gire mi pensión a Bogotá.

Aquí, Berta suspendió la lectura y guardó para sí las palabras amorosas de la despedida.

- ¿Qué piensas, Lucía?

- Que me alegro mucho por ti  Tienes todo el derecho a ser feliz - le dije mientras nos abrazábamos estrechamente y las lagrimas humedecían nuestras mejillas.

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Diecisiete

En el lujoso Palacio de Justicia diseñado por concurso, los despachos de los magistrados no tenían ventanas a la calle, sino un vidrio blindado con vista a la muralla de piedra que rodeaba la construcción, en la que sí había ventanales largos y angostos que subían desde el nivel del segundo piso hasta el cuarto, inaccesibles y herméticos.

Los cuatro pisos escalonados daban a un vacío hasta el primero, ocupado en el costado norte por la biblioteca; el costado oriental era un ancho corredor que los empleados llamaban "los pasos perdidos" porque nunca se había utilizado desde la inauguración del Palacio, siete años antes. Pero en esos días estaban construyendo allí oficinas para los magistrados y consejeros auxiliares, cargos de reciente creación para la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado, respectivamente.

El soberbio edificio construido como una fortaleza para evitar posibles asaltos, por ironía del destino se había convertido en una trampa mortal. Soldados apostados en la azotea de un edificio de la calle 12, disparaban hacia la biblioteca y los despachos apuntando por entre los largos ventanales de la muralla.

La línea telefónica se cortó y quedaron totalmente incomunicados. El optimismo de Lilia se había desvanecido. Habían agotado hasta el último sorbo de café y la sed los mortificaba.

Anocheció. En la oscuridad vieron un resplandor y comprendieron que se había iniciado el incendio, probablemente en la biblioteca porque las llamas avanzaban hacia el sur. Sintieron que la muerte era inminente y que no tenían alternativa: la única opción era decidirse por la más rápida y menos dolorosa. Salieron de la oficina y corrieron hacia las escaleras. El piso estaba cubierto de vidrios. En la desesperada carrera, Iván perdió las gafas; Lilia y Rosalba perdieron los zapatos, pero siguieron corriendo aunque los pies les sangraban. Antes de alcanzar las escaleras, unos soldados los encañonaron.

- ¡Ato ahí!

- ¡No disparen, soy Consejero! - gritó Iván.

Los soldados los sacaron del Palacio y los condujeron al Museo 20 de Julio. Dos de ellos llevaron a Lilia y a Rosalba en brazos. Las empleadas del Museo estaban a la entrada ofreciendo vasos de agua a quienes iban llegando. Nunca jamás habían bebido agua tan deliciosa.

A los pocos días, cuando los sobrevivientes se reunieron en la Casa de la Moneda, se vieron escenas conmovedoras. Todos se abrazaban fraternalmente, in importar su condición: magistrados y "señoras de los tintos"; secretarias y conductores; abogados y aseadoras, agradecidos por el milagro de la vida que Dios les había concedido, como una segunda oportunidad. Entre los sobrevivientes se crearon lazos de confraternidad que se reviven cada 6 de noviembre, en la Misa solemne que se celebra en la Catedral Primada por las victimas del holocausto.

En algunas de las Misas de aniversario, Lilia e Iván se habían visto y habían podido cruzar unas pocas palabras, porque los saludos efusivos de numerosos colegas y amigos, los iban separando. Por eso, cuando se encontraron en el matrimonio de Carolina, no notaron el uno en el otro los cambio naturales de la edad. Lilia conserva su apariencia juvenil, aunque ha ganado unos pocos kilos; Iván sigue siendo un hombre apuesto y la madurez le ha dado un nuevo aire: tiene la frente más amplia y la escasez de cabello la compensa con una barba corta muy bien cuidada; desde cuando perdió las gafas en el Palacio de Justicia, usa lentes de contacto que no le impiden proyectar directamente su expresiva mirada.

En el matrimonio de Carolina, Iván y Lilia reanudaron la amistad iniciada muchos años atrás y en la cena del Club de Abogados, la ratificaron con proyección hacia el futuro.

martes, 12 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Dieciseis

Agosto 26


Las obras de la remodelación de la casa campestre de Berta se iniciarán pronto. Juanita ha tomado el proyecto con inusitado entusiasmo. Levantó los planos de a construcción y sobre ellos está diseñando las reformas necesarias para dotar la casa con todas las comodidades modernas, respetando su estilo suizo.

Se remodelarán los baños existentes y se construirán otros nuevos en las dos alcobas principales  que serán las de Berta y Juanita; se ampliará la cocina y se iluminará con grandes ventanales; se construirán dos garajes y se habilitará una zona de estacionamiento para los visitantes; se cambiarán las vigas de madera que no ofrezcan seguridad; se renovarán totalmente el sistema eléctrico y el de plomería y se restaurará la decoración de madera, cerámica y hierro forjado.

A Berta le preocupa el alto costo que puede tener la obra, pero está encantada con los planos y dibujos que le presenta Juanita. María Luisa Dávila ha colaborado en la elaboración del presupuesto y ha presentado varias alternativas de financiación, que Berta está estudiando con José Joaquín.

Juanita ha estado averiguando en las poblaciones vecinas por un buen maestro de obra y un equipo de obreros calificados. En Cajicá encontró uno con muy buenas referencias, pues había trabajado en la remodelación de la Haciendo de Hato Grande, el lugar de descanso de los presidentes. El maestro es egresado del Sena y cuenta con su propio equipo de trabajadores. Se llama Juan Tibaquirá. Es natural de la región desde sus ancestros y su tipo es mestizo: es un buen exponente de la fusión de las dos razas, la chibcha y la hispana. Berta estuvo de acuerdo con la elección del maestro y le pidió a María Luisa la elaboración del contrato de mano de obra, que fue aprobado sin vacilación por José Joaquín. Sin más dilaciones, en la Notaría de Tabio firmaron el contrato de Juanita Pinedo Urrutia y Juan Tibaquirá Rodríguez.



Agosto 27


Lilia nos llamó para posponer la tarde de juego. Nos propuso aplazarla hasta el próximo jueves. Todos estuvimos de acuerdo. El motivo de Lilia fue un compromiso que se le presentó, cuando menos lo esperaba. Su amigo Iván Piedrahita se retira del Consejo de Estado por haber cumplido la edad reglamentaria, y sus compañeros le ofrecen una cena de despedida en le Club de Abogados.

Iván enviudó hace unos dos o tres años y no tenía compañía para asistir a la cena. Decidió invitar la Lilia porque le había resultado muy grato el reencuentro con ella en el matrimonio de Carolina Palacio  por la amena conversación que sostuvieron y lo bien que se había llevado en el baile. Lilia aceptó con gusto, por las mismas razones.

Iván y Lilia se habían conocido tiempo atrás  cuando ella era estudiante y él, su profesor de Derecho Administrativo; más adelante fue su director de tesis. Lilia fue escalando posiciones en juzgados y tribunales hasta llegar al Consejo de Estado, como consejera auxiliar del doctor Ibáñez.

Precisamente, en la mañana del fatídico miércoles 6 de noviembre de 1985, cuando el M-19 asaltó el Palacio de Justicia a las 11:40 de la mañana, ella se encontraba en la oficina de Iván entregándole una ponencia del doctor Ibáñez, sobre un asunto que debían tratar en Sala Plena.

Cuando se escucharon las primeras detonaciones, Lilia pensó que se avecinaba una tormenta, pero no estaba lloviendo. Luego, al escuchar el tableteo de la metralla, Iván y Lilia se miraron fijamente con la certeza de que las amenazas que habían estado circulando por los medios de comunicación y por los pasillos del Palacio, ¡eran ciertas!

Rosalba, la secretaria de Iván, irrumpió en el despacho.

- ¿Doctor, qué hacemos? - Estaba pálida y parecía a punto de desmayarse.

Iván conservó la calma. Le ordenó cerrar la puerta con llave y apagar las luces. Los tres se tendieron en el piso. Comenzó a sonar el teléfono  era la esposa de Iván, angustiada por las noticias de la radio; entró la llamada del esposo de Rosalba; Lilia llamó a su casa y habló con Jorge.

- No te angusties: estamos en una oficina segura del segundo piso. Esto va a a terminar pronto porque el gobierno y los guerrilleros legarán a un acuerdo, como ocurrió en la toma de el embajada dominicana.

El optimismo de Lilia reconfortaba a  Iván y a Rosalba  La comunicación telefónica con sus familias les permitía tener noticias, pues en la oficina no había ni un radio de pilas. La línea se congestionaba por momentos porque muchos amigos y colegas de Iván llamaban preocupados,  y también los periodistas ansiosos por saber qué estaba sucediendo en los despachos. Aunque el tiempo pasaba, Lilia no perdía su optimismo:

- Ya han pasado dos horas; el acuerdo no puede tardar mucho más; de un momento a otro va a cesar el fuego.

La sed los atormentaba. Reptando, Rosalba pasó a su oficina y regresó con un termo que aun contenía algo de café. Bebieron por turnos en un pocillo que había quedado sobre el escritorio de Iván, cuidando de reservar para más tarde. Lilia comenzó a rezar; Iván y Rosalba la siguieron piadosos.

Las detonaciones se escuchaban cada vez más cerca. Había tan explosiones fuertes, que parecía que el Palacio se iba a derrumbar. El ruido de los vidrios estallados por las balas, les taladraba los oídos  Como a las dos y media escucharon un estruendo espantoso, causado por el tanque que derribó la puerta principal sobre la Plaza de Bolívar.

La oficina comenzó a llenarse de humo. Lilia logró comunicarse con Jorge y le pidió que llamara a los bomberos porque había humo. Jorge le explicó que según las últimas noticias, el ejercito había lanzado bombas de humo para obligar a los guerrilleros a  salir de sus escondrijos.

- ¡Dios mío! ¿Entonces, a los civiles nos van a obligar a salir de las oficinas al fuego cruzado?

Iván extendió su gabardina a lo largo de la rendija de la puerta y cerró la rejilla del ducto de ventilación...