miércoles, 27 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Agradecimiento a los lectores

Amables lectores:

Agradezco sus constantes visitas a mi blog porque me llenan de alegría y me entusiasman para seguir escribiendo.

Muchas de estas visitas provienen no solamente de Colombia, sino de otros países amigos como Alemania, Argentina, Bélgica, Bolivia, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, México, Reino Unido y Ucrania. 

Si alguien quiere dirigirme un comentario  una sugerencia o una crítica, puede hacerlo directamente en mi blog, o bien escribirme a mi correo Marialuzarrieta@gmail.com.

Recibiré con gratitud sus palabras, porque contribuirán a mejorar mi trabajo. 

Próximamente compartiré con ustedes un ensayo titulado "La moda en el mundo occidental y en Colombia". No es una crónica frívola sobre moda farandulera de canutillos y lentejuelas. Es un estudio histórico y sociológico.

Hasta pronto.

lunes, 25 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Veinte

Diciembre 1°

Hoy fue el estreno de la casa campestre de Berta y la presentación de Bill O'Leary. Algunos ya conocíamos a Bill por sus viajes esporádicos a Bogotá; pero muy pocos sabíamos de su historia de amor, tan real como la vida misma, pero comparable a una novela rosa. El tiempo implacable ha sido benévolo con Bill. Sigue siendo muy parecido a Clint Eastwood y ahora se asemeja más al actor, tal como aparece en "Los puentes de Madison", esa película tan romántica que protagonizó con Merryl Streep.

Anunciaron su compromiso y fueron felicitados efusivamente. Pero lo que nadie podía imaginarse, era que íbamos a brindar por un doble compromiso. Juan Tibaquirá llegó en su automóvil modelo 2002, en el cual se desplaza a Bogotá y a donde quiera que no pueda ir en bicicleta. Llegó muy elegante y estaba casi irreconocible: vestía pantalón de pana, chaqueta de gamuza y camisa de cuello abierto; llevaba el cabello recogido atrás, en una "cola de caballo". No deja de ser un personaje exótico, pero atractivo. Juanita salió a su encuentro. Estaba linda y juvenil. No vestía los acostumbrados bluyines, sino un traje sencillo confeccionado en tela artesanal y bordado a mano por las campesinas de una vereda de Chía.

A propósito, María Eugenia Holguín de Casabianca trabaja con ese grupo de mujeres: las organizó en una cooperativa, financia sus materiales y promueve sus ventas, incluso en el exterior por intermedio de Artesanías de Colombia.

Volviendo a lo anterior, Juanita y Juan se saludaron alegremente y se acercaron al grupo tomados de las manos. Juanita lo presentó como su novio, lo cual no fue ninguna sorpresa para mí. La noticia fue recibida con beneplácito, porque Juan ha sabido granjearse la simpatía de la familia. Comprendimos a Juanita. Mis amigas y yo quedamos encantadas con la sonrisa de Juan, que siendo más con los ojos que los labios, deja ver una hilera de dientes perfectos.

En el jardín ya están floreciendo las plantas. Hay una bella variedad de flores multicolores: rosas, hortensias, margaritas, gladiolos, pensamientos y otras. Los prados están verdes, tupidos y bien podados, como campos de golf. Unos agrónomos de Tabio están cuidando muy bien los árboles añejos, que dan sombra y embellecen el paisaje como las acacias, los urapanes y los magnolios. Berta desistió del cultivo de curubas. En cuanto a las flores, prefiere verlas en los jardines y no bajo invernaderos de plástico.

Para la ocasión  se instalaron mesas con parasoles que los invitados fueron ocupando a medida que llegaban. Esta vez, los señores no tuvieron que encender las brasas ni asar las viandas. Berta encargó la paella a un afamado restaurante valenciano de la carretera. Nuestros amigos se integraron espontáneamente con nuestras familias, en un ambiente de grata camaradería. Vicente, Iván, Alonso y José Joaquín establecieron lazos de amistad con Bill, que perdurarán en el tiempo, estoy segura.

- ¿Recuerdan, muchachas- nos preguntó Mariana - que al comenzar el año, en el cumpleaños de Lilia, hablamos de la falta que nos hacía una compañia masculina para conversar, escuchar música o asistir a un espectaculo?

- ¡Claro que sí! - respondimos al tiempo - Hoy podemos decir que somos muy afortunadas.

Recorrimos la casa para admirar el excelente trabajo que ejecutaron Juanita y Juan, al conjugar tan acertadamente los adelantos de la arquitectura moderna, con el ambiente tradicional y hogareño de los chalets suizos. Luego, recorrimos los jardines por senderos enladrillados. Caminando por allí, Vicente me preguntó si había seguido escribiendo.

- Si, Vicente  He escrito algunas páginas más, porque siempre acepto tus sugerencias. Pero las historias no se pueden prolongar indefinidamente. La vida es un fluir continuo como las aguas de los ríos: a veces corren tranquilas y serenas; a veces se precipitan en cataratas o forman remolinos. Ahora, cuando nuestras vidas son tan placenteras, es el momento de marcar el punto final, no sin recordar a Jorge Manrique:


"Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir..."

FIN

viernes, 22 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Diecinueve

Septiembre 30


Por distintas razones, hemos tenido que aplazar indefinidamente la tarde de juego donde Lilia. Hace casi un mes que no nos reunimos, pero hemos estado comunicándonos por teléfono para tener noticias las unas, de las otras.

Clarisa tiene un proyecto con José Joaquín Diazgranados. Él admira sus cuadros porque denotan verdadero talento y cree que ella tien el deber de desarrollarlo en un ámbito más amplio, que sea solamente el de sus familiares y amigos. Así, le propuso que dé clases a un grupo de estudiantes. Su casa es suficientemente amplia y se puede adecuar un espacio para taller y con el tiempo, ¿por qué no?, abrir una galería para promover los talentos jóvenes. A Clarisa le interesa la idea. Contando con José Joaquín, el proyecto le parece más promisorio.

Me contó la conversación que habían sostenido, palabras más o palabras menos:

- No creas que te lo estoy proponiendo desinteresadamente, - le dijo él - yo seré el primer alumno que se matricule en tu academia, porque una de mis grandes frustraciones es no haberme dedicado a la pintura. Mis padres me desalentaron porque pensaban que como pintor, me iba a morir de hambre. Tenía que estudiar una carrera que me proporcionara un buen vivir.

- Habrías llegado a ser un gran pintor, de la talla de Obregón, Botero o Grau.

- No lo sé. Pero ahora tengo la esperanza de llegar a ser un buen pintor aficionado y habré vencido una de mis dos grandes frustraciones.

- No creo que en tu vida hayas sufrido frustraciones pero, a riesgo de ser indiscreta, ¿cúal ha sido tu otra gran frustración?

- Tú lo sabes muy bien: mi gran frustración fue que tú hubieras preferido a mi primo Humberto.

Parece que es misión insoslayable de los mayores, la de compartir conocimientos con las generaciones jóvenes. Lilia está dictando cursos de alta cocina a un grupo de jóvenes esposas que habitan en el mismo edificio. Esto le ocupa dos tardes a la semana. Las señoras que asisten han dejado temporalmente sus profesiones y trabajos porque tienen niños pequeños. Mientras miden los ingredientes, rallan, baten, pican  tamizan, licuan, amasan, hornean, espolvorean, cocinan a fuego lento o al "baño de María", no dejan de conversar y comentar las pequeñas historias que se viven en el edificio.

La llegada del coronel les había llamado la atención, por tratarse de un hombre tan interesante: gallardo, con el cabello prematuramente blanco, distinguido, simpático y libre. Unas planearon presentárselo a sus hermanas y otra, a su madre recién divorciada. Alguna opinó que era mejor dejarlas tranquilas, por la fama de mujeriegos que tienen los militares, aunque no es bueno generalizar.

- De todos modos, no hay caso - dijo la residente del 702, su vecina más próxima - el coronel saldrá de viaje y parece que no volverá, porque puso en venta el apartamento.

Lilia ya lo sabía  pero se abstuvo de comentarlo. Precisamente la noche en que salió con Iván, el coronel fue a despedirse. Estaban de vista con Jorge Luis y Lina, muy complacidos de que Lilia tuviera la oportunidad de salir con alguien tan especial como Iván, y lo esperaban para saludarlo. Ella estaba muy elegante con su traje de coctel. No es necesario decir que era de la marca "Ladies Fashion", y lucía joven y bonita. El coronel demostró su admiración, con la expresión de su rostro. Lilia hizo las presentaciones y lo invitó a sentarse. Él manifestó que no se demoraría pues comprendía que iban a salir. Jorge Luis le explicó que aún disponían de tiempo, porque estaban esperando al amigo de Lilia y le ofreció una copa del vino que estaban tomando. La agradeció, pero no la aceptó porque tenía asuntos pendientes. Solamente había ido a despedirse. Pasará en Estados Unidos una larga temporada. Se despidió de Lilia con los consabidos besos en las mejillas. El portero había sido advertido de la visita de Iván, y anunció que el doctor Piedrahita ya subía. Jorge Luis acompañó al coronel a la salida; cuando abrió la puerta, se encontraron con Iván; Jorge Luis hizo las presentaciones; los dos hombres se miraron inquisitivamente, pero se saludaron con toda cortesía, como correspondía.

Días después, Lilia me contó que la cena en el Club de Abogados estuvo deliciosa y que ella disfrutó mucho con la compañía de Iván. Han seguido saliendo, pero no quiso darme detalles por teléfono.

En cuanto a Berta, hay novedades importantes. Ella está prácticamente viviendo en la finca. porque pasa allí la mayor parte del tiempo. Quiere opinar sobre los acabados, los colores, la calidad y el diseño de la cerámica que se ha de instalar en los baños, la cocina y los pisos de mayor tráfico, como son los corredores y las terrazas. Los pisos del interior irán en madera técnicamente tratada, para que no requieran mayor mantenimiento. También está considerando cuales de los muebles que hay allí, desechados por ella misma y por sus hijos al renovar los mobiliarios, vale la pena conservar y cuales se deben regalar al ancianato de Chía.

Está ansiosa por la llegada de Bill, aunque no será antes noviembre porque tiene asuntos que arreglar en Miami y Nueva York. Pero no solamente ella está ansiosa: Juanita también lo está, por ver pronto el resultado de su trabajo y contratar nuevas obras con los finqueros vecinos. Desde luego, en sociedad con Juan Tibaquirá.

Berta me contó confidencialmente y lo repito con discreción porque no saldrá de estas páginas, que Juanita parece muy interesada por el maestro. Una mañana en que Berta, viendo la pila de vigas desmontadas, le pidió por favor que alguno de los muchachos partiera leña para las chimeneas, él le aseguró con toda propiedad que la tendría por la tarde. No distrajo a ninguno de los obreros del trabajo que ya les había asignado. Pero cuando terminaron la labor y se fueron, Juan se despojó de su overol naranja, salió torsidesnudo des vestidor de los trabajadores y empezó a partir la leña. Juanita estaba en la terraza haciendo cuentas y cuando oyó los golpes del hacha y el crujir de la madrea, se asomó. Al verlo, se quedó admirando su figura de héroe legendario, tan atlético como los capitanes Tabio y Tenjo que acompañaron al Zipa Tisquesusa en su trágica epopeya.

- Pero no creas que es solamente el físico de Juan lo que atrae a Juanita - me dijo Berta. - Allí donde lo ves, como un sencillo maestro de obra pueblerino, es un hombre que ha leído mucho y ha adquirido una buena cultura general: es un verdadero autodidacta. Visita frecuentemente la Casa de Cultura de Cajicá y la bibliotecaria le presta los libros. Prefiere la novela porque le permite conocer otras épocas y otros lugares. Así, ha viajado por el mundo y por el tiempo con Emilio Salgari, José Eustacio Rivera, Julio Verne, Alejandro Dumas, Cervantes, Dickens, Dostoyevski, Mark Twain y muchos más; admira a  Homero, cuyos héroes troyanos y dioses olímpicos le recuerdan a sus ancestros chibchas y a sus dioses tutelares. Además, está bien informado sobre los temas de actualidad en la política y la economía porque está suscrito a diarios y revistas importantes.

- ¿Cómo sabes todo eso?

- Porque Juanita me lo contó. Pasan mucho tiempo conversando en el descanso del mediodía y por la tarde, cuando los obreros se han ido. Por otra parte, yo creo que durante sus paseos dominicales en bicicleta, han llegado a conocerse mejor.

- Me parece un hombre interesante y muy valioso como ser humano. ¿Qué pensarías, si el interés que siente Juanita por Juan se convirtiera en un sentimiento profundo?

- Me alegraré, si él le corresponde. Creo que es el hombre que le conviene y que puede hacerla feliz.

Mientras nuestras amigas han estado ocupadas en sus actividades tan interesantes, Mariana y yo nos hemos dedicado al séptimo arte. Están pasando un festival de cine europeo en "Cinemanía", que es un conjunto de pequeñas salas de proyección muy acogedoras, en donde se puede disfrutar de cine de alta calidad. Allí, dos personas mayores o dos estudiantes pueden entrar con una sola boleta entre semana. Los horarios son escalonados, de manera que hemos podido entrar a ver una película a las 2:30, luego tomar algo en la cafetería y entrar a ver otra a las 5 p.m.

Le pregunté a Mariana por Gabriel Artigas y me dio la buena noticia de que ya dejó la silla de ruedas y está caminando con bastón, sólo por darse seguridad. Ya retomó las clases en la Universidad y está muy ocupado. Tanto, que ya no se escriben con la misma frecuencia.

Ahora, Mariana está muy contenta porque ya tiene compañía para ir a los conciertos sabatinos en el auditorio León de Greiff, en la Universidad Nacional. Recuerda con cierta nostalgia la época en que iba con Gabriel. Cuando él se fue de Colombia, Mariana siguió asistiendo con sus hijas, mientras fueron estudiantes y permanecieron solteras. Pero luego, dejó de ir por falta de compañía.

Conversando con Alonso en la tertulia, descubrieron que son igualmente melómanos y están asistiendo juntos a los conciertos. Como los dos son vecinos de Chapinero Alto, van en el carro de él, porque no se justifica llevar dos carros al mismo sitio. Se les ha vuelto costumbre, cuando salen del concierto, entrar a la pastelería Toledo de la calle 45 a tomar té con bizcochos y conversan largamente sobre lo que no podían hablar, mientras estaban embelesados escuchando la música.

martes, 19 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Dieciocho

Septiembre 3 


Como al fin hoy no tuvimos juego donde Lilia, Berta y yo nos fuimos para finca. La remodelación de la casa campestre avanza con rapidez. El maestro Juan Tibaquirá y su equipo están dando buen rendimiento y Juanita está muy satisfecha. Desde temprano se sube al mirador para observar el camino vecinal por sonde se aparecerá Juan Tibaquirá en su bicicleta. Es el medio de locomoción más utilizado en la región por campesinos, estudiantes y hasta por amas de casa, por se ágil y económico.

Juan Tibaquirá aparece sudoroso y con el cabello al viento; es negro y lacio; lo lleva recortado a la altura de los hombros y para que no le caiga sobre el rostro, usa una cachucha con visera hacia atrás. De diario viste bluyines ajustados y camisetas que no disimulan su recia musculatura. En cuanto llega, deja la bicicleta apoyada en un árbol y entra al vestidor de los trabajadores. Se despoja de la camiseta sudada y sale con su overol naranja y el casco de seguridad. Siempre llega antes que sus obreros para firmar su autoridad.

Juanita y él se reúnen en la cocina para hablar de los asuntos pendientes, mientras toman un rico café preparado por Rosalinda. El maestro da cuenta de los materiales que se han utilizado y de lo que es necesario comprar oportunamente para no tener que para la obra.

Berta está feliz con el cambio que ha visto en Juanita: de ser una mujer despreocupada sin metas hacia el futuro y alejada de su profesión, ha llegado a ser una entusiasta trabajadora. Cuando pasan vecinos de otras fincas, se detienen para admirar el cambio que se está operando en la vieja casona y le piden a Juanita que visite sus predio para proyectar y presupuestar las mejoras que quieren para sus propias casas.

Juan y Juanita dan largos paseos en bicicleta, visitando a los posibles clientes. Los domingos salen desde temprano y recorren la región por veredas y caminos vecinales, evitando las carreteras de mucho tránsito. Van a Cota, Chía, Tenjo, Tabio o Cajicá. En esta última población está la casa de Juan, que comparte con su madre y sus hermanos. Allí almuerzan deliciosos platos de la cocina criolla que la dueña de casa, doña Manuela viuda de Tibaquirá, prepara con esmero y rica sazón. La familia posee varios telares, en los que tejen paños originales y exclusivos que tienen gran demanda en ese emporio textil que es Cajicá, tan visitado por los compradores bogotanos.

Juanita les pidió varias muestras para Berta. Ella, como buena conocedora, apreció su excelente calidad y admiró los hermosos diseños y colores; no dudó de que los conjuntos y abrigos confeccionados con esos paños, tendrán un gran éxito en la colección de otoño e invierno de Ladies Fashion.

La felicidad que se le nota a Berta no es solamente por Juanita, sino por algo muy personal. Para compartir sus sentimientos conmigo, me dio una carta de Bill.

- Léela - me dijo.

Comencé a leerla: "My dear Bertie..." Le pedí que me la tradujera, porque no domino el inglés.

Ella comenzó a leerla con voz entrecortada por la emoción y la alegría, mientras yo la escuchaba atentamente.

Nueva York, agosto 20


Mi querida Berta:

No me resigno a perderte. Te he amado durante muchos años y sé que tú también me has amado. No puedo comprender tu negativa. Tal vez me has juzgado a la ligera. Desde el primer momento supe que tú eres la mujer de mi vida. Si no te hablé antes de matrimonio, no fue por razones egoístas ni por gozar de una libertad que para mí no tendría ningún sentido sin ti. Había que contemplar la realidad: tú eres católica, te habías casado por tu Iglesia que prescribe la indisolubilidad del matrimonio y tu ex marido estaba vivo; no eras libre para casarte conmigo por lo civil, porque en Colombia eso hubiera significado en aquel tiempo delito de bigamia y habrías podido perder la custodia de tus hijos. Yo los quería, como si fueran míos. Me llamaban "uncle Bill" y se alegraban con mis visitas y los paseos que hacíamos a la playa y a Disney World.

Cuando hablaste de regresar a Colombia, no te retuve por tu propio bien. Allá estarías protegida por tus padres y los niños crecerían  con sus abuelos, sus tíos y sus primos. Además, tú ya podrías abrirte camino en el mundo de la moda con tus contactos, tu experiencia y el capital inicial que habías ahorrado.

Yo no podía ofrecerte seguridad ni futuro. Mi trabajo me obligaba a viajar frecuentemente a los países petroleros, casi siempre en conflicto. En el Medio Oriente o en cualquier parte del mundo, mis compañeros y yo sentíamos el rechazo de la gente. Eran frecuentes las manifestaciones con explosiones, gritos y pancartas que decían: "¡Yankees, go home!". Cuando salía a cumplir una misión, no sabía si regresaría vivo o en un ataúd.

Yo me reservaba esas preocupaciones para no inquietarte. No podía someterte a compartir mi vida tan azarosa y en constante riesgo. No puedo ocultarte que más de una vez intenté organizar mi vida con otra mujer  Pero fueron intentos fallidos, porque solamente podía pensar en ti. Hoy sí puedo ofrecerte una vida tranquila y feliz, por los años que nos queden. Me retiré de la Multinacional y viajaré a Colombia muy pronto. Me quedaré a vivir en tu lindo país, así sea que me aceptes o no. Volveré a cortejarte, si es preciso. Sé que tus hijos nos comprenderán porque pertenecen a una generación que creció sin prejuicios y creo que me recuerdan con cariño. Y para que veas que mi decisión es irreversible, dispuse que el Social Security gire mi pensión a Bogotá.

Aquí, Berta suspendió la lectura y guardó para sí las palabras amorosas de la despedida.

- ¿Qué piensas, Lucía?

- Que me alegro mucho por ti  Tienes todo el derecho a ser feliz - le dije mientras nos abrazábamos estrechamente y las lagrimas humedecían nuestras mejillas.

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Diecisiete

En el lujoso Palacio de Justicia diseñado por concurso, los despachos de los magistrados no tenían ventanas a la calle, sino un vidrio blindado con vista a la muralla de piedra que rodeaba la construcción, en la que sí había ventanales largos y angostos que subían desde el nivel del segundo piso hasta el cuarto, inaccesibles y herméticos.

Los cuatro pisos escalonados daban a un vacío hasta el primero, ocupado en el costado norte por la biblioteca; el costado oriental era un ancho corredor que los empleados llamaban "los pasos perdidos" porque nunca se había utilizado desde la inauguración del Palacio, siete años antes. Pero en esos días estaban construyendo allí oficinas para los magistrados y consejeros auxiliares, cargos de reciente creación para la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado, respectivamente.

El soberbio edificio construido como una fortaleza para evitar posibles asaltos, por ironía del destino se había convertido en una trampa mortal. Soldados apostados en la azotea de un edificio de la calle 12, disparaban hacia la biblioteca y los despachos apuntando por entre los largos ventanales de la muralla.

La línea telefónica se cortó y quedaron totalmente incomunicados. El optimismo de Lilia se había desvanecido. Habían agotado hasta el último sorbo de café y la sed los mortificaba.

Anocheció. En la oscuridad vieron un resplandor y comprendieron que se había iniciado el incendio, probablemente en la biblioteca porque las llamas avanzaban hacia el sur. Sintieron que la muerte era inminente y que no tenían alternativa: la única opción era decidirse por la más rápida y menos dolorosa. Salieron de la oficina y corrieron hacia las escaleras. El piso estaba cubierto de vidrios. En la desesperada carrera, Iván perdió las gafas; Lilia y Rosalba perdieron los zapatos, pero siguieron corriendo aunque los pies les sangraban. Antes de alcanzar las escaleras, unos soldados los encañonaron.

- ¡Ato ahí!

- ¡No disparen, soy Consejero! - gritó Iván.

Los soldados los sacaron del Palacio y los condujeron al Museo 20 de Julio. Dos de ellos llevaron a Lilia y a Rosalba en brazos. Las empleadas del Museo estaban a la entrada ofreciendo vasos de agua a quienes iban llegando. Nunca jamás habían bebido agua tan deliciosa.

A los pocos días, cuando los sobrevivientes se reunieron en la Casa de la Moneda, se vieron escenas conmovedoras. Todos se abrazaban fraternalmente, in importar su condición: magistrados y "señoras de los tintos"; secretarias y conductores; abogados y aseadoras, agradecidos por el milagro de la vida que Dios les había concedido, como una segunda oportunidad. Entre los sobrevivientes se crearon lazos de confraternidad que se reviven cada 6 de noviembre, en la Misa solemne que se celebra en la Catedral Primada por las victimas del holocausto.

En algunas de las Misas de aniversario, Lilia e Iván se habían visto y habían podido cruzar unas pocas palabras, porque los saludos efusivos de numerosos colegas y amigos, los iban separando. Por eso, cuando se encontraron en el matrimonio de Carolina, no notaron el uno en el otro los cambio naturales de la edad. Lilia conserva su apariencia juvenil, aunque ha ganado unos pocos kilos; Iván sigue siendo un hombre apuesto y la madurez le ha dado un nuevo aire: tiene la frente más amplia y la escasez de cabello la compensa con una barba corta muy bien cuidada; desde cuando perdió las gafas en el Palacio de Justicia, usa lentes de contacto que no le impiden proyectar directamente su expresiva mirada.

En el matrimonio de Carolina, Iván y Lilia reanudaron la amistad iniciada muchos años atrás y en la cena del Club de Abogados, la ratificaron con proyección hacia el futuro.

martes, 12 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Dieciseis

Agosto 26


Las obras de la remodelación de la casa campestre de Berta se iniciarán pronto. Juanita ha tomado el proyecto con inusitado entusiasmo. Levantó los planos de a construcción y sobre ellos está diseñando las reformas necesarias para dotar la casa con todas las comodidades modernas, respetando su estilo suizo.

Se remodelarán los baños existentes y se construirán otros nuevos en las dos alcobas principales  que serán las de Berta y Juanita; se ampliará la cocina y se iluminará con grandes ventanales; se construirán dos garajes y se habilitará una zona de estacionamiento para los visitantes; se cambiarán las vigas de madera que no ofrezcan seguridad; se renovarán totalmente el sistema eléctrico y el de plomería y se restaurará la decoración de madera, cerámica y hierro forjado.

A Berta le preocupa el alto costo que puede tener la obra, pero está encantada con los planos y dibujos que le presenta Juanita. María Luisa Dávila ha colaborado en la elaboración del presupuesto y ha presentado varias alternativas de financiación, que Berta está estudiando con José Joaquín.

Juanita ha estado averiguando en las poblaciones vecinas por un buen maestro de obra y un equipo de obreros calificados. En Cajicá encontró uno con muy buenas referencias, pues había trabajado en la remodelación de la Haciendo de Hato Grande, el lugar de descanso de los presidentes. El maestro es egresado del Sena y cuenta con su propio equipo de trabajadores. Se llama Juan Tibaquirá. Es natural de la región desde sus ancestros y su tipo es mestizo: es un buen exponente de la fusión de las dos razas, la chibcha y la hispana. Berta estuvo de acuerdo con la elección del maestro y le pidió a María Luisa la elaboración del contrato de mano de obra, que fue aprobado sin vacilación por José Joaquín. Sin más dilaciones, en la Notaría de Tabio firmaron el contrato de Juanita Pinedo Urrutia y Juan Tibaquirá Rodríguez.



Agosto 27


Lilia nos llamó para posponer la tarde de juego. Nos propuso aplazarla hasta el próximo jueves. Todos estuvimos de acuerdo. El motivo de Lilia fue un compromiso que se le presentó, cuando menos lo esperaba. Su amigo Iván Piedrahita se retira del Consejo de Estado por haber cumplido la edad reglamentaria, y sus compañeros le ofrecen una cena de despedida en le Club de Abogados.

Iván enviudó hace unos dos o tres años y no tenía compañía para asistir a la cena. Decidió invitar la Lilia porque le había resultado muy grato el reencuentro con ella en el matrimonio de Carolina Palacio  por la amena conversación que sostuvieron y lo bien que se había llevado en el baile. Lilia aceptó con gusto, por las mismas razones.

Iván y Lilia se habían conocido tiempo atrás  cuando ella era estudiante y él, su profesor de Derecho Administrativo; más adelante fue su director de tesis. Lilia fue escalando posiciones en juzgados y tribunales hasta llegar al Consejo de Estado, como consejera auxiliar del doctor Ibáñez.

Precisamente, en la mañana del fatídico miércoles 6 de noviembre de 1985, cuando el M-19 asaltó el Palacio de Justicia a las 11:40 de la mañana, ella se encontraba en la oficina de Iván entregándole una ponencia del doctor Ibáñez, sobre un asunto que debían tratar en Sala Plena.

Cuando se escucharon las primeras detonaciones, Lilia pensó que se avecinaba una tormenta, pero no estaba lloviendo. Luego, al escuchar el tableteo de la metralla, Iván y Lilia se miraron fijamente con la certeza de que las amenazas que habían estado circulando por los medios de comunicación y por los pasillos del Palacio, ¡eran ciertas!

Rosalba, la secretaria de Iván, irrumpió en el despacho.

- ¿Doctor, qué hacemos? - Estaba pálida y parecía a punto de desmayarse.

Iván conservó la calma. Le ordenó cerrar la puerta con llave y apagar las luces. Los tres se tendieron en el piso. Comenzó a sonar el teléfono  era la esposa de Iván, angustiada por las noticias de la radio; entró la llamada del esposo de Rosalba; Lilia llamó a su casa y habló con Jorge.

- No te angusties: estamos en una oficina segura del segundo piso. Esto va a a terminar pronto porque el gobierno y los guerrilleros legarán a un acuerdo, como ocurrió en la toma de el embajada dominicana.

El optimismo de Lilia reconfortaba a  Iván y a Rosalba  La comunicación telefónica con sus familias les permitía tener noticias, pues en la oficina no había ni un radio de pilas. La línea se congestionaba por momentos porque muchos amigos y colegas de Iván llamaban preocupados,  y también los periodistas ansiosos por saber qué estaba sucediendo en los despachos. Aunque el tiempo pasaba, Lilia no perdía su optimismo:

- Ya han pasado dos horas; el acuerdo no puede tardar mucho más; de un momento a otro va a cesar el fuego.

La sed los atormentaba. Reptando, Rosalba pasó a su oficina y regresó con un termo que aun contenía algo de café. Bebieron por turnos en un pocillo que había quedado sobre el escritorio de Iván, cuidando de reservar para más tarde. Lilia comenzó a rezar; Iván y Rosalba la siguieron piadosos.

Las detonaciones se escuchaban cada vez más cerca. Había tan explosiones fuertes, que parecía que el Palacio se iba a derrumbar. El ruido de los vidrios estallados por las balas, les taladraba los oídos  Como a las dos y media escucharon un estruendo espantoso, causado por el tanque que derribó la puerta principal sobre la Plaza de Bolívar.

La oficina comenzó a llenarse de humo. Lilia logró comunicarse con Jorge y le pidió que llamara a los bomberos porque había humo. Jorge le explicó que según las últimas noticias, el ejercito había lanzado bombas de humo para obligar a los guerrilleros a  salir de sus escondrijos.

- ¡Dios mío! ¿Entonces, a los civiles nos van a obligar a salir de las oficinas al fuego cruzado?

Iván extendió su gabardina a lo largo de la rendija de la puerta y cerró la rejilla del ducto de ventilación...


viernes, 8 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Quince

Agosto 25


Anoche en la tertulia, me encontré con Vicente. Ya nos habíamos puesto de acuerdo para asistir, porque la conferencia sobre la historia de Bogotá en el período republicano estaría a cargo de un gran amigo nuestro, Alonso Giraldo Ospina. Fue compañero de Vicente en la Facultad de Derecho, y yo lo conocí cuando trabajaba en la Editorial Jurídica y me asignaron la corrección de pruebas de su libro sobre propiedad intelectual.

Entonces era Magistrado del Tribunal Superior y aspiraba a la Corte Suprema de Justicia. Para su fortuna, fue nombrado otro aspirante que tenía más amigos y así lo favoreció el sistema de cooptación vigente por ese tiempo. Alonso se salvó del asalto del M-19 al Palacio de Justicia, y en su lugar murió quien había sido su rival.

Nuestra tertulia es sui generis: asistimos profesionales de distintas áreas, retirados o en ejercicio, estudiantes, poetas y, en general, personas que se interesan por la cultura. Se habla de literatura, de historia, de antropología, de arte, de música, de viajes y hasta de esoterismo.

La conferencia de Alonso fue muy amena y la ilustró con diapositivas que iban desde las acuarelas de Torres Méndez, las primeras fotografías de Jean Louis Gros a partir de 1842 y otras posteriores de diferentes archivos, hasta el 9 de abril de 1948, con impresionantes imágenes de multitudes enardecidas, edificios incendiados y tranvías destruidos. Algo más de un siglo de historia.

Así conocimos algunos aspectos de la Bogotá antigua y recordamos otros. Vimos los tranvías de mulas, lo eléctricos abiertos, las nemesias y las lorencitas; diversas épocas de la Plaza de Bolívar  la Estación de la Sabana, bellísimo edificio republicano; el Parque del Centenario que desapareció para dar paso al viaducto de la 26, con la estatua de la Rebeca y el templete de Bolívar, que hoy está en el Parque de los Periodistas; la Calle Real, el Hotel Granada, el Pasaje Hernández y otros sitios que nos llenaron de añoranzas a los mayores y que los jóvenes admiraron sorprendidos.

En el intermedio nos brindaron capuchino, agua aromática o carajillo. Vicente y yo nos acercamos a Alonso para felicitarlo, esperando turno entre otros contertulios. Mariana también lo felicitó y se quedó conversando con él, hasta cuando llegó el momento de las intervenciones de los asistentes, con preguntas y comentarios.

Mariana asiste regularmente a la tertulia. Ha dictado varias charlas sobre música folclórica y culturas indígenas  temas que domina por su trayectoria como docente en la Facultad de Antropología y sus investigaciones con Gabriel Artigas.

Vicente me dijo que mi relato le había parecido interesante y ameno, que el lenguaje coloquial le había dado la impresión de estar conversando conmigo y me animó para que lo terminara.

- Pero si ya lo dí por terminado.

- Sin embargo, uno se queda sin saber qué paró con Berta y el gringo; con Mariana y Gabriel Artigas; con Lilia y el coronel, con el Notario y los otros personajes.

- El final esta tácito y apenas se sugiere. Si Berta está ilusionada con vivir en su finca de Tabio, cultivando flores y curubas, debe ser porque renunció a su relación con Bill O' Leary. Lo de Lilia y el coronel no tenía futuro y era mejor dejarlo así, como el recuerdo de una velada romántica  Mariana seguirá chateando con Gabriel sobre sus temas favoritos y, seguramente, él responderá al tratamiento psiquiátrico y volverá a caminar. Clarisa seguirá fiel al recuerdo de Humberto y pintará lindos motivos infantiles para decorar el cuarto de su bisnieto. Mauricio y Yolanda serán unos jóvenes abuelitos muy felices y...

- Aun así está incompleto. Uno quiere compartir más tiempo con Lucía y sus amigas y acompañarlas en su día a día tan positivo, que es una lección de vida para todas las edades.

Las palabras de Vicente me animan a a seguir consignando nuestro día a día en estas páginas. No sé qué sucederá en nuestras vidas. Tal vez el final tácito del relato no se realice o tal vez sí, porque la vida real es más sorprendente que la fantasía. Al término de la reunión, Vicente le ofreció a Mariana llevarla también en su carro  porque sabe que ella no conduce de noche. Mariana le agradeció la gentileza pero la declinó, porque se iba con Alonso.

martes, 5 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Catorce

Agosto 18


Hoy vino Vicente. La perspectiva de recibir su visita después de tan prolongada ausencia, me llevó al pasado, a la época en que nos conocimos. Me pareció estar atravesando el túnel del tiempo y, al final, me vi como en una cinta cinematográfica:

Estoy en la iglesia de la Veracruz. Son las seis de la tarde. El sacerdote imparte la bendición y da por terminada la Misa por la madre de mi secretaria. Tengo una hora disponible. Sesenta minutos para mí sola. Es un lujo inaudito precisamente ahora  cuando el tiempo no me alcanza para todo lo que debo hacer y, mucho menos, para todo lo que quisiera hacer. Una hora para repartirla en el trayecto de la Veracruz al Museo Nacional. Entre dos deberes. Dos deberes cuyo cumplimiento me depara satisfacciones porque tienen relación con las personas vinculadas a mi profesión y a mi trabajo, cuyo trato cordial y estimulante me ha abierto nuevos horizontes.

A las siete es la inauguración de la exposición de arte gótico y medieval, a la que he sido invitada por la Embajada de España. Disfrutaré esta hora caminando por la carrera séptima cuyas luces comienzan a encenderse, mirando vitrinas, observando a los transeúntes que invaden los andenes al terminar la jornada laboral y pensando en lo gratificante de esta nueva etapa de mi vida. Amo la vida porque ya tengo la madurez requerida para vivirla a plenitud. Soy dueña de mi tiempo. Nadie se enojará si me demoro. Me siento joven y ligera. Apresuro el paso porque me satisface comprobar que todavía es elástico y acompasado. Mi figura se refleja en las vidrieras y desaparece mi preocupación por que el sencillo traje sastre que me puse en la mañana para ir a la oficina, no sea el adecuado para asistir a un coctel tan importante. Creo que estoy bien. Un transeúnte me lo confirma con un piropo. Alcanzo a sospechar que se burla de mí, porque hace mucho tiempo que no me dirigen ninguno. Pero su mirada entre admirativa y seria me halaga. El hombre es distinguido y no presenta signos de senilidad. El corazón me bombea sangre caliente que rápidamente se distribuye por mi cuerpo, sonroja mis mejillas y acelera mi paso. Descubro que el hecho de tener hijos adolescentes, no significa que esté pisando los umbrales de la vejez.

Al pasar por la Plazuela de Las Nieves me doy cuenta de que solamente han transcurrido quince minutos, desde cuando salí de la Veracruz. No quiero ser de las primeras personas en llegar al coctel. Aún no estoy acostumbrada a llegar sola a un evento social. Quiero estar seguro de que encontraré a alguno de mis compañeros de trabajo, para no sentirme perdida en el conglomerado de artistas e intelectuales cuyo mundo comienzo a frecuentar. Decido entonces, tomar una taza de té en el Monte Blanco, para dejar pasar parte del tiempo. Luego me veo entrando al Museo Nacional y sobreponiéndome a mi natural timidez  gracias a un esfuerzo de la voluntad.

Al primer vistazo identifico a varias personalidades, entre las que se distingue Vicente por su elevada estatura. Viste un traje azul oscuro de corte impecable. En sus cabellos negros y ondulados, ya brillan algunos hilos de plata. Hoy luce el cabello blanco, lo que acentúa su natural distinción. Con un gesto amable me saluda y me invita a unirme al grupo. Me presenta dando importancia a mi trabajo en la Editorial, lo que suscita comentarios halagadores para mí, aunque no para el género femenino en particular porque denotan cierta sorpresa. Están presentes dos de mis antiguos profesores de la Facultad, quienes me recuerdan a pesar de que no habíamos vuelto a vernos desde la época universitaria. Comenzamos a recorrer la exposición, catalogo en mano- Todos hacen observaciones brillantes y yo le exijo a mi cerebro un esfuerzo más por este día, para que emita algún comentario inteligente. Me responde, aunque lo tuve inactivo tanto tiempo.

Los santos tallados en madera, en actitudes lánguidas e ingenuas, mutilados y perforados por el gorgojo de siete siglos me deprimen. La música gregoriana que interpreta un notable conjunto sinfónico me transporta a una inmensa catedral. El  ambiente solemne se va disipando a medida que ofrecen los cocteles y los pasabocas. Comienzo a sentir el cansancio de este día tan intenso; me despido de Vicente y de las personas que nos acompañan. Él, muy gentilmente, se ofrece a llevarme a mi casa y yo acepto agradecida.

Cuando el portero me anunció por el citófono la llegada de Vicente, regresé al presente. El saludo fue muy emotivo y nos abrazamos fuertemente. Sentí el roce de su mejilla bien rasurada y el aroma inconfundible de su colonia.

Nuestras conversaciones siempre surgen con espontaneidad y cualquier tema es bueno para iniciarlas. Mientras nos tomábamos un whisky, me preguntó por cada uno de mis hijos; los estima mucho porque los conoció cuando los mayores eran adolescentes y la menor, una niña. A Laurita le ha dedicado una atención especial, porque desde pequeña ha manifestado una gran facilidad para escribir y él la ha estimulado para que cultive ese don.

El regalo que me trajo es delicioso: un perfume francés que se llama "Soir de Paris". Después de que nos pusimos al día con noticias propias y de amigos comunes, le pedí que me leyera lo del "camino a Santiago".

La historia de Santiago de Compostela es fascinante, y Vicente la cuenta en su estilo fluido y ameno. Según la leyenda, Santiago fue uno de los mártires de la persecución romana, decapitado en el año 44. Su cuerpo fue rescatado por dos de sus discípulos y llevado en una nave guiada por un ángel a través del Mediterráneo, luego por el Atlántico hacia el norte, hasta encallar finalmente en las costas de Galicia.

El cuerpo se había conservado intacto, prodigiosamente. Los discípulos lo depositaron sobre una piedra, la cual se fundió formando un sarcófago que guardó los restos del santo. Sobre el lugar aparecieron unas luces extraordinarias, que los habitantes de la región llamaron "campus stellae" o campo de estrellas, que dio el nombre al santuario.

Los milagros atribuidos a Santiago de Compostela atrajeron a multitudes fervorosas en la Edad Media. Se abrió un camino rústico que pronto se llenó de posadas; se construyó la Catedral y a su alrededor se levantó la ciudad, a la cual llegaron filósofos y sabios monjes que fundaron la Universidad. Por ser de tan difícil acceso, es el histórico camino de los penitentes. Lo han conservado intacto. Por supuesto, los turistas se desplazan por modernas autopistas.

Frente al Pórtico de la Gloria hay varias estatuas. En el centro está la de Santiago y a su lado la del apóstol Mateo cuya cabeza, al decir de los estudiantes, tiene el poder de acrecentar la inteligencia. Por eso no es insólito ver en pleno siglo XXI a los universitarios compostelanos dándose coscorrones contra la cabeza de piedra, en vísperas de exámenes.

La crónica de Vicente es muy rica en hechos históricos y anécdotas curiosas. Habla también de la actualidad en la región gallega y de cómo se funden la tradición y la modernidad. Me regaló la copia y quiso leer algo mío. Pero le confesé que estoy sufriendo el síndrome de "la pagina en blanco".

- Estoy decepcionada porque los cuentos que he mandado a las editoriales me han sido devueltos y el que mandé a un importante concurso internacional, fue un fracaso. En realidad, el fracaso fue del concurso porque lo declararon desierto, a pesar de que se recibieron más de quinientos cuentos de todo el mundo hispano. No puedo creer que entre tantos, no hubiera por lo menos uno que tuviera algún valor literario. 'Qué harán con el dinero del premio?

- Es una buena pregunta. Pero no te desanimes por eso ni dejes de escribir. Tus novelas históricas son valiosas. Hay éxitos de librería que pasan de moda rápidamente, en cuanto otro título acapara las ventas de la semana o del mes.

- He comprado algunos libros de moda, con muy buena crítica. Pero los dejo a las pocas páginas. Me he vuelto muy mala lectora: me repugnan los temas sórdidos que tratan de drogadictos, prostitutas, terroristas y pandilleros. Me cansa el estilo nuevo que es una retahíla sin puntuación ni diálogos, en un lenguaje soez propio de los desadaptados sociales.

- La literatura refleja la época del escritor. Estamos viviendo en una época convulsionada, en la que priman la corrupción, el enriquecimiento fácil y la falta de valores morales. Pero no va a ser siempre así. Ya se ve venir una reacción positiva. Sigue escribiendo por el placer de escribir, sin pensar en editores ni en críticos. Sé auténtica.

- Lo he intentado. Tengo un borrador que es una especie de diario sobre las mujeres de mi generación. Pero lo dejé porque a quien le va a interesar algo sobre mujeres que ya somos abuelas?

- Yo creo que a muchas personas. Nuestra generación sufrió el cambio radical que se operó en el mundo, y por supuesto en la sociedad, a partir de la segunda guerra mundial: Hiroshima, Nagasaki, el comunismo, el muro de Berlín, la guerra fría y tantos otros fenómenos afectaron la economía de nuestros países latinoamericanos y las sociedades se desquiciaron, pero la mujer fue la más afectada porque siempre en la historia ella ha demostrado la mayor fortaleza, aunque paradójicamente se la considere el sexo débil. Se pasó de lo rural a lo urbano y de la agronomía a la industria. El cambio en sí mismo es positivo, pero se produjo aceleradamente en países que no estaban preparados, lo que abrió un abismo entre los muy ricos y los muy pobres, desatando la lucha de clases. Y entre ellos, una clase media muy meritoria que ha soportado los vaivenes a fuerza de estudio y trabajo. Esto es lo que ha hecho posible cierta estabilidad y ha evitado un desastre.

- ¿Qué me dices de la nueva estructura familiar? ¿Cómo se pueden manejar las relaciones entre ex esposos, nuevos cónyugues, hijastros y mediohermanos?

- Es complicado, aunque haya dado lugar a comedias en cine y televisión. En la posguerra aparecieron el destape español, la píldora, el amor libre y las drogas, como una reacción a la anterior represión. Los países han tratado de canalizar estos fenómenos sociales mediante una legislación moderna. Aquí se establecieron el matrimonio civil y el divorcio, la paternidad responsable, la planificación familiar, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad de cultos, la dosis mínima de estupefacientes y en otros países, el aborto. Hay excelentes escritores que presentan un espejo para que la sociedad medite y otros que simplemente explotan los temas que más se venden al grueso público.

- Tal vez desempolve mi manuscrito y te lo muestre.

- Nada me complacerá más. Sigue adelante.

Siempre es muy estimulante conversar con Vicente. Su visita es una de las pocas ocasiones en que sirvo el té en las tazas de porcelana de Sèvres que heredé de mamá.


viernes, 1 de febrero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Trece

Julio 27


Vicente acaba de regresar de su gira por Europa y me llamó esta mañana. Quiere venir a visitarme pronto para contarme del viaje y darme un detalle que me trajo. Convinimos la tarde del viernes de la próxima semana. No pudo ser antes. Comprendo que tiene que compartir con sus allegados las experiencias del viaje, atender la correspondencia represada, organizar su agenda y, en fin, mil cosas. Por mi parte, tengo yoga el lunes y voluntariado el miércoles.

Me anticipó que estuvo tomando apuntes sobre los lugares que más le interesaron, especialmente en España, porque toda ella es un historial que los hispanoamericanos compartimos. Cuando venga, me leerá los apuntes sobre "el camino a Santiago", que es el histórico camino de los penitentes. El tema es cautivador y sé que me va a encantar, como todo lo que él escribe.

Cuando nos despedimos, marqué el teléfono de Lilia. Quería saber cómo le había ido en la cena con el coronel.

- No hubo tal cena - me respondió entre frustrada y aliviada.

- ¿Qué pasó?

- Me llamó como a las ocho para cancelarla. Según pretextó, se encontraba en una reunión de trabajo que se estaba prolongando más de lo previsto. Pero me reiteró la invitación para hoy.

- ¿La aceptaste?

- No. Le dije que ya tengo un compromiso. Nos despedimos molestos y no quedamos en nada.

Me quedé pensando en el coronel. Verdaderamente, es un personaje imprevisible y misterioso. Nada justifica que haya aparecido en la vida de Lilia para inquietarla, cuando ya ella ha logrado superar el duelo por Jorge, está disfrutando de la tranquilidad que da el deber cumplido y de la merecida recompensa por sus desvelos de tantos años.



Agosto 5


A las seis de la tarde asistimos a la Misa del quinto aniversario de la muerte de Humberto, en la iglesia de Santa Beatriz. Estaba colmada por familiares y amigos que lo recordamos con mucho afecto porque Humberto fue un hombre ejemplar, en todo sentido: como esposo y padre de familia fue amoroso, comprensivo y responsable; como empresario y hombre de negocios fue íntegro, emprendedor, justo y generoso con sus empleados y trabajadores; como amigo, sincero y cordial.

Clarisa ha sobrellevado su viudez con estoicismo y ha tenido el valor necesario para conservar el hogar que fundó con él para sus hijos, aunque hoy sean independientes y hayan formado sus propias familias. La casa de Clarisa sigue siendo la de todos y siempre encuentran en ella el calor de hogar que disfrutaron en su infancia.

Como la vida es una sucesión de momentos tristes y momentos felices, Clarisa tuvo la alegría de comprobar que Mauricio y Yolanda han superado sus conflictos y que siguen tan enamorados, no como antes, "sino mejor que antes", según palabras de la propia Yolanda. Otro motivo de gozo es la noticia del embarazo de Carolina. A Clarisa le duele no poder compartir esta alegría con Humberto, aunque el título de bisabuela no la halaga demasiado.



Agosto 10


Por ser el cumpleaños de Berta, hoy disfrutamos de un domingo inolvidable en la finca que ella compró en Tabio, recientemente. Lo que más la motivó fue la belleza del paisaje sabanero, la vecindad a ese pueblo encantador y el fácil desplazamiento a Chía, para lo relacionado con su empresa. Además, se enamoró de la casa, amplia y antigua con grandes chimeneas y muy buenas posibilidades de remodelación.

- Así le daré trabajo a Juanita, para que se entusiasme de nuevo con su profesión nos dijo.

Lo que más me gusta de los asados campestres es que son los hombres quienes los preparan. Fernando, el hijo médico de Berta fue el chef: nadie mejor que él para hacer los cortes de las postas; bajo su dirección trabajaron Jorge Luis, Mauricio y José Joaquín; el Magistrado Casabianca se encargó de darles vueltas a a las mazorcas, sin dejar vencer los términos y su hijo Andrés de macerar los aguacates para la ensalada y de dosificar el picante. La única mano femenina que intervino fue la de Rosalinda, la cuidandera, experta en papas saladas.

Mientras ellos sazonaban las carnes y encendían las brasas manteniendolas en el punto justo, sin que se arrebataran ni se extinguieran, otros hombres se encargaban de enseñar a los niños a elevar las cometas, de rescatarlas cuando se enredaban en los árboles y de correr tras ellas, que es lo propio en agosto.

Entretanto, Berta, Clarisa, Mariana, Lilia y yo con María Eugenia de Casabianca y otras amigas, suegras y cuñadas de nuestros hijos, saboreábamos el delicioso refajo preparado por José Roberto, el filósofo, ducho en la mezcla de los elementos, en este caso la espirituosa cerveza y leve gaseosa.

María Luisa Dávila llegó con su abuelo Rodrigo Dávila Diazgranados. No fueron necesarias las presentaciones porque nos reconocimos en seguida, a pesar del distanciamiento de tantos años. Todos quedamos encantados con María Luisa por su sencillez, su distinción y su simpatía.

Ya berta nos había contado que la química entre ellas se había producido desde el momento en que José Joaquín las presentó. Vio en la muchacha una profesional inteligente, bien preparada y con un gran don de gentes; a su vez, la joven vio en Berta a una empresaria exitosa de quien podría aprender mucho, en especial lo que no se enseña en las universidades.

En menos de un mes estará trabajando en Ladies Fashion. Con ella en la subgerencia, Berta podrá desentenderse poco a poco de la dirección de la empresa y tendrá más tiempo para sí misma. Le ilusiona mucho venir a vivir en la finca y dedicarse al cultivo de flores y curubas.

Juanita nos tenía una sorpresa: había contratado la banda municipal. Esta interpretó lo más alegre de su repertorio y los jóvenes se dieron gusto bailando. Como la tarde comenzaba a enfriarse, los mayores nos reunimos en la sala al lado de la chimenea a recordar nuestros buenos tiempos, llenos de anécdotas divertidas. Para entrar más en calor, José Roberto nos ofreció aguardiente o brandy y terminamos esa tarde medio entonados.



lunes, 28 de enero de 2013

LAS VIUDAS DE LOS PRIMOS: Entrega Doce

Tan pronto como envié el correo, me arrepentí de haberlo escrito. ¿Con qué autoridad me permitía yo juzgar a Bill e interpretar sus sentimientos y sus intensiones? Pero ya no había nada qué hacer, salvo una llamada de emergencia. Levanté el teléfono y pedí comunicación con el hotel Hilton en New Jersey. Pero Berta ya no estaba alojada allí. Tuve que lamentar una vez más mi temperamento impulsivo que me lleva  a hablar antes de pensar y que me ha causado no pocos sinsabores en la vida.

Conocí a Bill O'Leary cuando vino por primera vez a Bogotá con otros dos ingenieros para prestar una asesoría a Ecopetrol, con el fin de explorar nuevos pozos. Bill es un hombre alto, flaco y desgarbado al estilo de Clint Eastwood y, así como él, tremendamente atractivo.

Los compañeros de Bill vinieron con sus esposas. Para atenderlos, Berta ofreció una cena en su apartamento. Asistimos también Lilia y Jorge, Clarisa y Humerto, Mariana y yo; como las dos ya estábamos separadas, Berta invitó también a Gabriel y a Vicente porque la idea era terminar la velada bailando en el Salón Monserrate del Hotel Tequendama.

Fue una noche inolvidable. La orquesta de jazz contaba con un saxofonista maravilloso, que transmitía a los "blues" un sentimiento profundamente romántico  El repertorio incluía melodías de Cole Porter como "Begin the Beguine" y "Nighty and Day" que se hicieron tan populares en las voces de Frank Sinatra y de Bessie Smith. Esa música nostálgica y sentimental que tuvo su origen en la comunidad negra de Nueva Orleans y que marcó una época en la cultura musical norteamericana, siempre se seguirá escuchando aunque en nuestros días hayan cobrado popularidad entre los jóvenes el rock pesado y la música pop. Aun ahora, cuando han pasado tantos años y escucho esas melodías, recuerdo aquella noche.


Julio 26

Hoy me correspondió la tarde de juego. Como habíamos hecho el pacto de guardar dieta, encargué una tabla de quesos. Nos reunimos las cinco "viudas de los primos", pero esta vez contamos con la presencia de José Joaquin Diazgranados. Hoy sí pudo dedicarnos tiempo, sin los afanes notariales que otras veces le impedian jugar todas las partidas. Como ya cumplió los sesenta y cinco, por ley tuvo que renunciar a su cargo. Pero sigue dictando cátedra en El Rosario y la Javeriana.

Acostumbramos jugar "continental" porque es entretenido y no tan complicado como el "bridge". Berta acaba de regresar de Nueva York. Parecería que la está afectando el soroche, pero yo sé que no es eso. Durante el juego no se concentró. Por ejemplo, cuando hicimos las tres escaleras, no se bajó a tiempo a pesar de tener tres comodines, por lo cual quedó encartadísima cuando José Joaquín nos dio el golpe chino. No he tenido la oportunidad de hablar a solas con ella, desde su regreso. La familia la ha estado visitando asiduamente, en especial los nietos para recibir los regalos.

Pasamos a la mesa para degustar la tabla de quesos, con vino blanco o rojo, según el gusto, porque no teníamos que llegar hasta el extremo de acompañarla con bretaña.

José Joaquín le pidió a Berta que nos contara sobre su viaje y cómo le había ido en sus negocios. Ella aprovechó para decirnos que está cansada y que quiere delegar funciones en sus hijos, para que vayan tomando las riendas de "Ladies Fashion". Pero lo difícil es que alguno quiera hacerse cargo de la empresa. Fernando, por ser medico, no tiene interés en la moda ni tiempo para lo que no sea el consultorio, la clínica y la Escuela de Medicina. José Roberto es filósofo y su mente vive ocupada en las teorías metafísicas que enseña en varias Facultades de Filosofía; por otra parte, la redacción de su próximo libro lo absorbe por completo.

Queda Juanita. Ella, por ser mujer, debería interesarse por la moda. Pero, no. Ella es descomplicada en el vestir. Berta sostuvo con ella una verdadera batalla campal para que se presentara debidamente en el matrimonio de Carolina. A Juanita le gusta andar de Bluyines, camiseta, suéter y mochila al hombro. Se contagió del "hippismo" cuando estudió Arquitectura en Los Andes y, más aún, cuando hizo el posgrado en urbanismo y paisajística en Universidad de Stanford en Palo Alto, California.

-  Juanita tiene tiempo, - continuó Berta - pero es muy fresca, Como no tiene marido ni hijos ni perrito que le ladre, no se preocupa por nada. Creo que hasta le han caído bien la crisis económica y la recesión de la construcción  porque encuentra pretexto para no trabajar y seguir dependiendo de mí. Pero no le voy a durar toda la vida y tendrá que responsabilizarse por sí misma.

- No pienses en eso, Berta - la tranquilizó José Joaquín - tú tienes cuerda para rato. Pero si realmente necesitas que alguien te colabore, yo puedo recomendarte a algunos de mis alumnos de posgrado en Ingeniería Industrial o en Administración de Empresas.

- Eso me suena bien. ¿Y a quién tienes en mente?

- La primera opción sería para María Luisa Dávila, una joven samaria que está emparentada con nosotros, aunque lejanamente. Es nieta de Rodrigo Dávila Diazgranados.

- Ya sé de quien se trata: Francina, la esposa de Rodrigo, es prima segunda de Roberto. Lástima que por nuestro vieja a Estados Unidos, nos desvinculamos.

- Piénsalo, Berta, y me comunicas cualquier decisión que tomes.

Regresamos a la sala, pero ya no seguimos jugando. Sacamos el puntaje porque el perdedor será el próximo anfitrión de la tarde de juego. Para mi sorpresa, no fue Berta la perdedora: Lilia tuvo un puntaje aun mayor. ¿En qué o en quién estaría pensando? ¿Acaso en el coronel?

Cuando se fueron los demás, Lilia me dijo que estaba sin carro y que Jorge Luis vendría por ella. Le pregunté por qué había estado tan distraída en el juego, si ella es la que casi siempre gana.

- ¿No será por causa del coronel?

- ¿Como lo adivinaste?

- Era fácil. 

- Pues sí. Yo estaba furiosa porque después de aquella noche se desapareció sin ninguna explicación  Pero estaba más furiosa conmigo misma que con él, Al fin y al cabo, él es un extraño. Pero yo, que me conozco, ¿cómo pude perder la sensatez y dejarme llevar por sensaciones que ya creía extinguidas desde la muerte de Jorge?

- Porque eres humana, sencillamente. Y aunque seas madre y abuela, no has dejado de ser mujer.

- ¿Te conté que lo vi una mañana en el parqueadero y que arranqué sin determinarlo?

- Sí, me lo contaste.

- Me telefoneó por la noche. Me dijo que había estado llamándome pero que no había querido dejar mensajes en el contestador. Que había tenido que viajar a Medellín intempestivamente por razones de trabajo. Hoy volvió a llamarme. Quiere que nos veamos esta noche y salgamos a cenar. Acepté para dejar las cosas en claro, porque no quiero seguir con este juego.

- ¿Por qué?

- Porque él me atrae mucho. Es un hombre interesante y no acabará su vida solo sino con una mujer joven, libre de compromisos familiares.

El portero avisó por el citófono que don Jorge Luis Palacio había llegado. Lilia no quiso hacerlo esperar y bajó al momento.